‘Elementary’, originalidad en formato tradicional en la 1ª temporada


Lucy Liu y Jonny Lee Miller protagonizan 'Elementary', en la que también aparece Natalie Dormer.Sherlock Holmes está de moda, y no es de extrañar. Las series de televisión, y más concretamente las de género policíaco, han modernizado los pilares básicos de un personaje capaz de resolver los crímenes más extraños a partir de pruebas y la lógica deductiva que se esconde tras ellas. Los ejemplos cinematográficos más recientes son, sin duda, las dos entregas sobre el personaje dirigidas por Guy Ritchie (Lock & Stock). En la pequeña pantalla el último caso es Elementary, una original producción creada por Robert Doherty (serie Médium) que sigue las clásicas pautas de complejos casos combinadas con cierta comicidad pero que aporta conceptos realmente novedosos para un personaje que tiende a anquilosarse en un estereotipo muy definido.

Dichos conceptos son fundamentalmente dos. El primero es la traslación de la acción a la ciudad de Nueva York, desubicando a un personaje que prácticamente no ha salido nunca de Inglaterra en un contexto diametralmente distinto. Decir simplemente que la acción cambia de escenario (y de época, pues transcurre en la actualidad) sería hacer un flaco favor al desarrollo dramático del protagonista, interpretado en general con acierto por Jonny Lee Miller (Trainspotting). En realidad, todo obedece a un mapa conceptual mucho más complejo que se resuelve al final de esta primera temporada compuesta por 24 episodios. Holmes sigue siendo británico, adicto y extremadamente desquiciante en la forma de seguir sus pesquisas, y la obsesión, la tragedia y las drogas de su pasado es lo que le hace acudir a la Gran Manzana. Un pasado, por cierto, que se desvela de forma progresiva a medida que la relación con su inseparable socio adquiere mayor consistencia, y que está marcado por la pérdida de un ser querido (Natalie Dormer).

Bueno, en realidad no es socio, sino socia. A diferencia de la historia original, el personaje de John Watson es en esta ocasión Joan Watson (Lucy Liu), y el motivo de su unión no es fortuito, sino que obedece a la necesidad de abstinencia del protagonista. Es este tal vez uno de los aspectos más originales del conjunto, y sin duda lo que le aporta un mayor interés. La relación entre Holmes y Watson, algo débil al inicio, se fortalece a medida que la segunda se implica más en el trabajo del primero, creando una sinergia entre ambos que deriva en una dependencia mutua no del todo reconocida por las partes. El hecho de introducir un contexto tan dramático como la drogodependencia y la lucha contra ella fortalece sobremanera el interés por la relación de los protagonistas y ofrece a la historia un arma de doble filo que pende siempre sobre ambos personajes.

En el fondo, es esta relación la que sostiene todo el argumento, al menos hasta el final de esta primera temporada. Mirando más allá de ambos, la forma de abordar las tramas episódicas en forma de crímenes irresolubles por la policía se antoja excesivamente esquemática y arquetípica, siempre contando con un par de pistas falsas antes de la acertada, y normalmente con unos delitos comunes pero enrevesados. En este sentido, por ejemplo, Castle ofrece un mayor abanico de posibilidades dentro de las similitudes entre ambas producciones, que no son pocas, a la hora de presentar con originalidad los casos a resolver. Por no hablar del papel secundario de los personajes de Aidan Quinn (La misión) y Jon Michael Hill (serie Detroit 187), dos roles que podrían dar mucho más de sí y que no terminan de adquirir el protagonismo que se merecen.

Holmes y sus mujeres

Mención aparte merece la conclusión de estos primeros 24 episodios. Antes mencionábamos que la relación entre Holmes y Watson es el pilar fundamental de la producción, pero no lo es menos la forma en que las tragedias del pasado del protagonista le persiguen. En cierto modo, ambos elementos están muy relacionados a través de las drogas. Ese pasado, como no podía ser de otro modo, tiene un único nombre: Moriarty. He de confesar que es el único personaje, además del propio Holmes, que sobresale en la mitología que rodea al investigador privado. Un criminal cuya inteligencia iguala, si no supera, la del personaje de Miller, y que en Elementary se convierte en una especie de genio criminal cuya red se extiende por todo el mundo y a todos los niveles.

Los últimos capítulos, como decimos, explotan la presencia de este personaje hasta convertirlo en una obsesión del propio espectador, buscando en cada secundario, en cada personaje episódico, el rostro del famoso criminal. Sin desvelar demasiados datos, solo diremos que la resolución es mucho más sencilla y, al mismo tiempo, más original que cualquier rebuscada hipótesis sobre el origen del archienemigo. Curiosamente, la mayor novedad se encuentra en que es una mujer, en consonancia con el cambio de sexo del personaje de Watson. Se rompe con esto el tabú que parecía haberse impuesto en torno a la vida de Holmes en la que no hay cabida para las mujeres, al menos no de forma íntima.

Y al igual que ocurre con el caso del inseparable compañero médico, el hecho de que el villano sea una mujer abre un abanico de posibilidades dramáticas enorme, pues a las tradicionales motivaciones económicas, políticas o de poder que acompañan a Moriarty se suman las emocionales que pueden surgir tanto entre héroe y villano como entre villano y secundarios. Un abanico que, a diferencia de lo que pueda pensarse viendo la resolución del episodio final, no se ha cerrado, pues como se menciona en varias ocasiones a lo largo de la serie, Moriarty tiene ojos y oídos en todas partes. Con un personaje así, ¿alguien duda de que pueda escaparse de cárceles, trampas y juicios?

Desde luego, Elementary perdería buena parte de su atractivo para la segunda temporada si el personaje de Moriarty no sobrevaolara amenazadora sobre los casos a resolver. Unos casos que si bien son necesarios para el desarrollo de la relación entre Holmes y Watson, auténtico corazón de la producción que debe ser desarrollado coherentemente en la segunda parte de la serie, no pueden convertirse en el leit motiv de los personajes so pena de que la serie pierda la frescura que le ha aportado los cambios hechos en la clásica historia del investigador. Y es que el impacto de trasladar a Holmes a Nueva York y de convertir a Watson en una mujer ya ha pasado. Ahora toca desarrollar el interesante sustrato planteado.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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