‘The East’: la claridad de una lucha directa


Los miembros de 'The East' se reúnen en un momento del film.El mundo de las grandes empresas multinacionales, ya sean petroleras, farmacéuticas, químicas, … siempre ha dado mucho juego al séptimo arte. Presentados normalmente como unos criminales de guante blanco sin escrúpulos, el cine siempre ha tendido a incluirlos en oscuras conspiraciones que son desmanteladas por un individuo que se topa con la información necesaria. Precisamente en este punto es donde reside la ventaja de The East, nueva película de Zal Batmanglij tras su reputada Sound of my voice (2011): su pauta para denunciar las actividades ilegales de las grandes corporaciones se halla en el eco-terrorismo, es decir, en la acción directa contra dichas empresas.

Las ansias de denunciar quedan aquí, por tanto, tergiversadas, o si se prefiere reducidas. Lo más relevante de la trama, incluso más que el hecho de la dudosa moralidad de atacar físicamente a los responsables de las empresas, es el proceso de transformación que sufre la protagonista, y con ella el espectador. Ambos asisten primero con cierta incredulidad al funcionamiento de un grupo anárquico en el que todo se decide por votación. Pero lo que en un principio parecen simplemente ideales poco a poco se va tornando en una venganza casi personal de cada uno de los miembros del grupo. Una venganza que, por cierto, encuentra unas justificaciones totalmente válidas y creíbles, embarcando al espectador en el viaje de indignación que recorre todo el metraje.

Es más, una vez finalizada la película la sensación que queda se asemeja mucho a la satisfacción de haber asistido a una especie de justicia moral en la que los villanos de turno simplemente reciben los mismo que dan, ni más ni menos. Si vierten residuos al agua, se bañan en ella; si producen una especie de medicina milagrosa, se la toman. El problema de esto es que, como decimos, es lo más relevante de un argumento que, por otro lado, se antoja demasiado conocido y falto de cierta originalidad más allá de un giro dramático final que modifica en cierto sentido la percepción que hasta ese momento se tenía de cada uno de los personajes, aunque nunca de forma determinante.

Desde luego, The East no es una propuesta destacable desde un punto de vista dramático, aunque sí desde el punto de vista de la agitación social. Logra su objetivo principal, que no es otro que remover algo en la conciencia de cada uno, de evidenciar la impunidad de determinadas empresas capaces de una hipocresía insospechada. Y lo hace de la forma más sencilla posible, con una historia poco compleja y unos actores correctos y creíbles en sus respectivos papeles. Al fin y al cabo, la mejor forma de transmitir una idea o mensaje es el canal directo y claro. La película lo tiene, tanto en su forma como en su contenido.

Nota: 6/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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