La necesidad de presentar ‘Defiance’ perjudica su primera temporada


Imagen promocional con el reparto de 'Defiance'.Tanto el cine como la televisión buscan nuevas vías de explotar sus productos, de atraer a un público más diverso y obtener así mayores réditos económicos. Uno de esos experimentos más recientes es Defiance, serie de ciencia ficción producida por el canal especializado SyFy que transcurre en una Tierra futura en la que diversas razas alienígenas conviven en un delicado equilibrio junto a los humanos después de una devastadora guerra por el control del planeta. Y es que junto a los primeros 13 episodios (12 si se consideran las dos partes del piloto como uno solo) salió al mercado un videojuego que completaba la experiencia. El resultado se ha quedado en tierra de nadie. No ha sido un fracaso, de hecho ya se ha aprobado la segunda temporada, pero tampoco ha sido un gran éxito. El problema, curiosamente, no reside en unas bases argumentales erróneas o deficientes, sino en la propia naturaleza de la historia.

Una historia que sigue a un humano y a su adoptada hija alienígena que se establecen en Defiance, antigua San Luis, como guardiantes del orden. Su llegada es la excusa perfecta para mostrar no solo la riqueza de culturas y razas que conviven en la ciudad, sino para reflejar las diferencias entre ellas, las intrigas y las luchas de poder que se generan, y los estragos de una guerra cuyos ecos, a pesar de haber pasado décadas, todavía están muy presentes en forma de antiguos soldados y restos de naves alienígenas desperdigados por tierra y espacio. Como puede apreciarse, es lo que se conoce como una ‘space opera’, un producto que combina intriga y drama a partes iguales con un reparto coral. Pero al igual que le ocurrió a otra producción similar, Caprica, esta serie creada por Rockne S. O’Bannon (serie Farscape) pierde fuerza por las propias necesidades dramáticas que tiene.

A diferencia de historias más realistas, cualquier producción que crea un mundo nuevo y complejo como el de Defiance requiere de una serie de episodios que muestren la situación de cada personaje, de cada raza, en el tablero de juego general que se establece. Y para ello son necesarias historias que definan el carácter de cada uno de ellos. El problema de eso es que suele terminar convirtiéndose en una mera reproducción de los problemas de la sociedad actual trasladados a un mundo fantástico en el que dichos problemas mundanos son más difíciles de creer. Así, ver los conflictos paterno filiales entre un humano y una alienígena, o una especie de Romeo y Julieta entre dos razas diferentes no hacen sino acrecentar la idea de que estamos ante un producto al uso cuyo único aliciente es ver si los efectos y el maquillaje son dignos.

Es decir, el peso dramático del desarrollo argumental se reduce considerablemente, por lo que la serie pierde intensidad e interés. A esto se suma el hecho de que los personajes no son excesivamente complejos. No es esto un problema excesivamente grande en este tipo de producciones, pero sí juega en su contra si no existe una sólida trama que sobrepase a los estereotipos que la protagonizan. Por poner algunos ejemplos, el protagonista interpretado por Grant Bowler (Asesinos de élite) se asemeja al típico shérif del Lejano Oeste que llega a la ciudad acompañado de su hija indígena adoptada (en este caso una alienígena interpretada por Stephanie Leonidas). Por su parte, los personajes interpretados por Tony Curran (Underworld: Evolution) y Jaime Murray (Spartacus: Dioses de la arena) no tienen nada que envidiar a esos personajes oscuros y sibilinos cuyo único propósito es lograr el máximo poder, eliminando de la ecuación a una alcaldesa tal vez excesivamente modosita interpretada por Julie Benz (serie Dexter).

Un futuro interesante

Pero como decíamos al inicio, es un mal necesario que Defiance debe sufrir. Y es mejor que lo sufra al inicio que no a lo largo de los 13 episodios. En efecto, el tramo final de la temporada, una vez hechas las presentaciones pertinentes, revela una trama mucho más interesante, más coherente con el marco general de la producción y en la que se incluyen misteriosas llaves capaces de abrir una especie de caja de Pandora con forma de nave o, lo más importante, las tensiones entre los diferentes gobiernos que existen ahora mismo en la Tierra, y que deja abierto un futuro interesante a tenor de la conclusión del último capítulo.

En este sentido es importante reseñar que el propio desarrollo del argumento ya ha realizado los oportunos cambios que parecía necesitar la serie. Uno de ellos es el papel de la joven protagonista interpretada por Leonidas, un personaje que ha crecido con la serie y que, a pesar del final visto en esta primera temporada, está llamado a ser uno de los más determinantes. De hecho, todo el drama protagonista del conjunto una vez terminada esa primera fase de introducción a este nuevo mundo gira en torno a ella, ya sea como una especie de enviada de su dios o como objeto romántico de uno de los secundarios. Por no hablar de las preocupaciones del protagonista como padre de la criatura.

Aunque si hubiese que destacar un personaje ese sería el interpretado por Jaime Murray. Su rol como esposa del villano de la función es sencillamente magistral. Más allá del maquillaje pálido y las ropas blancas que definen la raza a la que pertenece (Castithans), su desarrollo dramático es la prueba fehaciente de que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. La fascinación por su presencia es directamente proporcional a la incertidumbre por saber si en algún momento dice la verdad o habla con sinceridad sobre cualquier aspecto. En el fondo, y eso es algo que se aprecia en el desenlace de la temporada, es ella la que maneja los hilos de prácticamente todos los personajes. Desde luego, su hipotética pérdida para una segunda temporada sería difícil de reemplazar.

En cualquier caso, Defiance ha logrado el objetivo de expandir su mundo y sus intrigas una segunda temporada por encima incluso de las limitaciones que han presentado estos primeros capítulos. Sin duda las flaquezas de esta temporada, que pasan por esa justificada necesidad de presentar a todas las razas y sus características, quedarán eliminadas para dejar vía libre a un desarrollo dramático mucho más coherente con el formato de la ‘space opera’, y que no es otro que una trama general nutrida por las intrigas entre alienígenas y humanos, y entre los humanos mismos. Para los amantes de la ciencia ficción esta puede ser una nueva pequeña joya a seguir. Para los demás, es un producto interesante si se logra superar esos primeros episodios.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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