‘Utopía’, belleza formal al servicio de su perturbadora trama


Dos de los extraños personajes que protagonizan 'Utopía', creada por Dennis Kelly.Puede que los estadounidenses estén situando las producciones televisivas en unos niveles que no se habían conocido nunca, pero lo que están logrando los británicos requeriría de muchas horas de debate y análisis. La facilidad que tienen los guionistas de aquel país para sumergir al espectador en historias perturbadoras, radicales en su forma y su contenido, y política y socialmente críticas, es inaudita. Estados Unidos ha sido capaz de encontrar las claves para realizar productos de una calidad inigualable, pero tiende a repetirse en sus fórmulas. Inglaterra, por el contrario, busca transgredir el lenguaje audiovisual con muchas de las producciones que realiza. Utopía es una prueba, magistral a mi modo de ver, de que estamos ante una industria a la que debería de prestarse más atención.

Creada por Dennis Kelly (serie Pulling), la trama gira en torno a una extraña novela gráfica de culto y a cuatro personajes que se reúnen porque, según parece, uno de ellos se ha hecho con la secuela de la misma. Lo que ninguno de ellos sospecha es que las páginas de esa secuela esconden un secreto relacionado con el Gobierno británico y un experimento científico a gran escala que pretende cambiar la sociedad tal y como la conocemos. Perseguidos por el Gobierno y las empresas implicadas en el proyecto, su única vía de salvación es una joven que responde al nombre de Jessica Hyde y cuya presencia será la clave para desentrañar el misterio. Vista así, la historia parece que se mueve por argumentos e intrigas conocidas, y en cierto modo así es, salvo por la presencia del cómic. Lo que diferencia a esta producción, y lo que la define como el pequeño fenómeno en que se está convirtiendo en algunos círculos, son los personajes y el acabado formal.

Y es que desde el primer momento los personajes que se mueven por este thriller son, por decirlo sutilmente, extravagantes. Otra forma de definirlos sería marginales, y otra podría ser psicóticos. Sobre todo aquellos que rodean al grupo protagonista, integrado por los que tal vez sean los papeles más coherentes de toda la serie. Destaca sobremanera el personaje de Neil Maskell (The football factory), un asesino impasible e implacable cuyo aspecto, forma de andar y forma de expresarse inquietan más que cualquier otro aspecto. Y lo hacen porque inducen a pensar en todo menos en un asesino, no porque posea una cara angelical, sino porque parece improbable que sea capaz físicamente de hacer daño a nadie. Es, con diferencia, el mejor personaje de la trama, y desde luego el que más impacta durante su presencia en pantalla.

Aunque no es el único. Si bien es cierto que su definición es la más atractiva, muchos de los secundarios (el verdadero alma mater de la producción) adquieren relevancia por la complejidad de la trama y de las numerosas ramificaciones que posee y que se resuelven de forma convergente en un episodio final cuyos giros argumentales lo convierten casi en una montaña rusa narrativa. Ya durante el desarrollo de la trama se intuye que ningún personaje es lo que dice ser, o que por lo menos posee motivaciones ocultas que obligan a desconfiar, pero lo que se produce en esos últimos minutos da un sentido único a todo lo visto anteriormente, mucho mayor de lo que cabría esperar. De hecho, la historia pasa de ser un alegato sobre las conspiraciones y cómo detenerlas a una prueba fehaciente de que no se puede luchar contra el sistema.

Narrativa visual por encima de todo

Como hemos dicho, varias páginas podrían escribirse sobre Utopía. La forma de integrar todas las ramificaciones de la trama en un único final capaz de cambiar el sentido de la serie es algo difícil de ver hoy en día sin que resulte un ejercicio forzado y poco creíble. Ahí está, por ejemplo, la historia del funcionario gubernamental (quizá la más hilarante de todo el conjunto, si es que dicho calificativo se puede aplicar a esta serie) o los dilemas morales de cada uno de los miembros protagonistas. No entraremos en un análisis más profundo sobre el contenido, pero sí merece una mención especial la forma. Calificar la obra de Kelly de belleza visual sería hacerle un flaco favor a la forma de narrar esta intriga. Y me explico.

Lo que más llama la atención de la serie es su paleta cromática. Ya desde los primeros planos en esa tienda de cómics, donde los saturados colores de las paredes contrastan con el vestuario de los actores, el espectador comprende que la forma de narrar el subtexto del argumento reside en la elección de los colores, en lo que podría ser perfectamente una traslación a la pequeña pantalla del estilo cromático de la novela gráfica que da título a la serie. El inteso azul de uno de los asesinos, el verde de las paredes o la bolsa amarilla son algunos de los elementos. No queda ahí el intento, por supuesto. El cielo, los extensos campos, la decoración urbana propia de cualquier ciudad o los muebles de una habitación. Cualquier elemento, por pequeño que parezca, posee un color único, intenso y distintivo, que le define en esta estrambótica historia de conspiraciones y planes apocalípticos. El mejor y más evidente ejemplo tal vez sea oscura habitación en la que los villanos de la función deciden los pasos a seguir en la búsqueda y captura del manuscrito.

Claro que no es lo único. Buena parte de los diálogos y de las secuencias de acción cuentan con una iluminación muy particular, muchas veces verdosa y otras tantas apagada, pálida. Todas ellas permiten transmitir el mensaje oculto en las reacciones corporales de los intérpretes, todos ellos por cierto perfectos en sus respectivos roles, el diálogo no hablado que se desprende de muchas de las situaciones. Si a esto añadimos una extraordinaria banda sonora tan perturbadora y nerviosa como la propia serie, lo que obtenemos es una clara muestra de lo que significa narrar en imágenes.

Empero, no se puede ni se debe obviar la elección de los planos. Buena parte de la serie está compuesta por unos amplios planos, la mayoría generales, en los que los personajes aparecen únicamente de cintura para arriba o confundiéndose con los elementos del entorno. Desde luego, son los elementos más bellos de los 6 capítulos, y permiten apreciar la maravillosa fotografía en todo su esplendor. Pero que nadie piense que su función es meramente embellecedora, más bien al contrario. La elección de dichos planos y su uso en determinadas situaciones suponen la mejor forma de reflejar el sentimiento que más aparece en toda la trama: la soledad. Ya sea la angustia de sentirse perseguido en todo momento, el miedo de ser abandonado por aquellos que te apoyaban unos minutos antes o la certeza de que la muerte está próxima, cualquier emoción que genere soledad queda patente en dicha planificación. Claro que no es únicamente su uso; la forma de situar al personaje dentro del cuadro ofrece una visión distorsionada del propio lenguaje visual, lo que no hace sino generar una mayor sensación de estar ante algo distinto, un poco extravagante pero indudablemente bello.

Al igual que ocurre con Black mirror o con The fadesUtopía es uno de esos productos televisivos extrañamente maravillosos. Por supuesto, para gusto los colores, nunca mejor dicho, pero todos aquellos que busquen algo distinto lo encontrarán en esta serie de 6 episodios que, según parece, tiene intención de volver en una segunda entrega. Tal vez la resolución de la trama sea algo fantástica para el desarrollo relativamente serio del conjunto, pero encuadra perfectamente dentro de las teorías de la conspiración tantas veces abordadas. Lo relevante no es, en realidad, si la trama queda bien resuelta (aunque sí es importante, claro está), sino los descubrimientos que se realizan a lo largo del desarrollo y los conflictos morales y sociales que se producen. Esto no solo está bien narrado sobre el papel, sino que se muestra acompañado de un lenguaje visual sublime capaz de hipnotizar al espectador y ocultar sus posibles carencias. Como suele ocurrir en estos casos, lo mejor y lo peor de todo es que solo dure lo que dura. Más tiempo hubiese jugado en su contra con toda probabilidad, pero es una lástima que se termine.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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