Los cuentos dan forma a la Historia de ‘Érase una vez’ en su 2ºT


Príncipes y princesas deberán combatir en los mundos de fantasía y realidad en la 2ªT de 'Érase una vez'.Hace algo más de un año llegaba a las televisiones de medio mundo una serie tan original como curiosa en su concepto. Los personajes de los cuentos de hadas, a raíz de un hechizo maléfico, son enviados a nuestro mundo, un lugar sin magia y en el que son incapaces de recordar nada. La primera temporada de Érase una vez dejó un magnífico sabor de boca debido a su excepcional capacidad de combinar el mundo de cuento con la realidad y de equiparar profesiones reales con las características de los personajes mágicos, pero sobre todo debido a la reinterpretación de los cuentos conocidos por pequeños y mayores. El final de esos primeros episodios suponía el punto de partida de un panorama nuevo y diferente que abría un nuevo mundo a explorar, al menos narrativamente hablando. Sin embargo, lo que han conseguido sus responsables va mucho más allá de una mera continuación.

Los 22 episodios que componen esta segunda temporada poseen todo aquello que cabría esperar de una serie de semejantes características. Y a pesar de todo, supera las expectativas puestas después de ver la primera parte. Y lo hace fundamentalmente por un motivo tan sencillo y difícil de encontrar como es la fidelidad al espíritu de la producción. La idea de Adam Horrowitz (TRON: Legacy) y Edward Kitsis (serie Birds of Prey), al menos la que se desprende de cada uno de los aspectos formales, es ofrecer una aventura a medio camino entre la realidad y la fantasía, entre dos mundos que se complementan y que, de algún modo, aprenden el uno del otro. En medio una serie de personajes cuyos trazos gruesos de personalidad se mantienen pero que modifican sustancialmente lo que les hace únicos, es decir, sus detalles.

A decir verdad, lo más fascinante de esta nueva entrega de Érase una vez es la forma en que todos y cada uno de los personajes son relacionados entre sí, hasta el punto de modificar los cuentos y convertirlos en capítulos de una Historia mucho mayor. Resulta interesante comprobar cómo lo que se narra está planteado a modo de episodios del pasado de cada uno de los personajes en un mundo (o varios mundos) donde todos conviven de forma más o menos pacífica, y en el que inevitablemente han coincidido en alguna que otra ocasión. Esta riqueza en las relaciones, rompiendo con las barreras naturales de los cuentos de hadas, es lo que convierte a la serie en una delicia argumental que plantea un juego al espectador: descubrir quién es quién dentro de la trama.

Es difícil encontrar aspectos negativos, y los pocos que existen no son, en ningún caso, motivo suficiente para empañar la factura final de la producción. Uno de dichos elementos deriva precisamente de esa necesidad de expandir el universo de la serie a más y más cuentos, hasta el punto de sobrepasar este tipo de literatura para introducirse en otras totalmente diferentes. Me refiero al caso del Dr. Frankenstein, uno de los pocos excesos dentro de la trama que encajan de forma algo tosca con el resto de personajes. El hecho de introducir la ciencia y la medicina en un contexto tan entregado a la magia y a la lucha del bien contra el mal no deja de ser un elemento extraño, si bien es cierto que su papel posee una relevancia casi anecdótica. Por no mencionar el hecho de introducir a Robin Hood en un episodio, algo que parece casi un guiño irónico para los seguidores de la serie.

Rumpelstiltskin, el centro de todos los cuentos

Como decimos, la redefinición de los arquetípicos personajes de la literatura infantil es lo que marca la pauta de Érase una vez. Pero incluso dentro de esta estrategia hay diferentes categorías. A los personajes ya conocidos se han incorporado otros como el gigante que vive en un castillo en las nubes o el carismático Capitán Garfio (Colin O’Donoghue), sin duda uno de los mejores fichajes de la temporada. Pero si hay que hablar de un personaje imprescindible ese es Rumpelstiltskin, interpretado magistralmente por Robert Carlyle (El mundo nunca es suficiente), quien engrandece un ya de por sí inmenso papel. Prueba de ello es que a medida que ha ido avanzando la trama en esta segunda temporada su presencia se ha vuelto casi indispensable, y no precisamente por ser uno de los villanos de turno.

De hecho, es la piedra sobre la que se apoyan todas y cada una de las tramas secundarias, tanto en la realidad como en el mundo de fantasía. Más allá de los pactos que realiza para conseguir aquello que quiere, su valor dramático reside en la influencia que tiene sobre el resto de personajes, buenos y malos, por las relaciones que ha establecido en épocas anteriores. Sobre sus hombros recae la responsabilidad de ser el protagonista de muchos cuentos diferentes y de encarnar de forma muy original a diferentes personajes, como pueden ser el cocodrilo que le arranca la mano al Capitán Garfio o la Bestia que enamora a una Bella interpretada por Emilie de Ravin (Recuérdame). Su figura está adquiriendo tal grado de importancia que poco a poco está logrando incluso superponerse al protagonismo del personaje de Jennifer Morrison (serie House) para acaparar todos los focos. Visto desde un punto de vista dramático, puede ser hasta positivo para el conjunto.

En cualquier caso, lo que deja patente esta segunda temporada es la capacidad creativa de sus responsables y la precisión con la que enlazan historias, personajes y tramas hasta convertirlas de forma natural en acontecimientos irremediablemente conectados. Estos nuevos 22 capítulos introducen nuevos personajes del mundo real y nuevas tramas que vuelven más compleja la premisa inicial. Dado que el final de la primera temporada solucionaba el nudo planteado de romper el hechizo, esta nueva tanda de episodios plantea una guerra abierta en varios frentes donde los buenos buscan hacer el bien (valga la redundancia) y los malos actúan por su propio interés. La culminación de esta batalla entre el bien y el mal, entre la magia y el mundo real, provocará cambios en los personajes, algunos de ellos tan interesantes como la posibilidad de que Blancanieves (Ginnifer Goodwin) inicie el camino para convertirse en villana.

Aunque tal vez lo mejor de esta nueva temporada de Érase una vez sea las bases que sienta para el futuro más inmediato. Unas bases que se intuyen poco a poco y que quedan claramente expuestas en el díptico final titulado La segunda estrella a la derecha… y directos hasta el amanecer, en clara referencia al cuento de Peter Pan. Nuevos escenarios, nuevos personajes y nuevas aventuras es lo que se espera de la tercera temporada, pero lo más interesante será, una vez más, comprobar si esa telaraña de personajes, historias y relaciones es lo suficientemente fuerte como para aguantar un análisis exhaustivo. Nada hace pensar lo contrario.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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