‘Dead Man Down’: venganza entre ventanas


Colin Farrell y Noomi Rapace buscan venganza en 'Dead Man Down'.Hollywood es insaciable. El hambre de esta industria por los talentos más allá de sus fronteras y el poder que ejerce en las decisiones finales es tan evidente como inevitable. Son pocos, muy pocos, los directores que llegan a Estados Unidos para rodar su primera película con capital norteamericano y logran evadir el férreo control comercial de los dirigentes. Y si no, que se lo pregunten a Niels Arden Oplev, cuya versión de la primera entrega de la saga Millennium le abrió las puertas de la industria más importante del mundo. Su primera propuesta, subtitulada en España La venganza del hombre muerto, es un quiero y no me dejan que se desinfla hasta derivar en un espectáculo visual al más puro estilo del cine de acción de los 90.

Siendo sinceros, la película protagonizada por Colin Farrell (Camino a la libertad) y Noomi Rapace (Babycall) no es excesivamente original en su argumento. De hecho, una vez se encienden las luces queda la sensación de haber asistido a un reflejo de cintas de venganza ya producidas. Empero, algo más tiene este Dead Man Down, y ese es su director, al menos en su primera mitad. La forma que tiene Oplev de exponer la situación de cada personaje, amén de su apuesta deliberada por el diálogo en lugar de la acción y los tiroteos sin sentido, aportan a la primera parte del film un estilo propio, casi de autor, que no estamos acostumbrados a ver. Desde luego, no es un film de usar y tirar, y exige al espectador estar atento al devenir de los acontecimientos para poder comprender la posición de cada personaje en esta trama.

El problema reside en el desarrollo dramático de la venganza, monotema de todos y cada uno de los personajes que aparecen en la historia. Un desarrollo que, en cierto modo, se muestra forzado a tenor de lo visto con anterioridad. Poco a poco, el argumento se deja llevar hacia la previsibilidad para terminar en un festival pirotécnico que mezcla tiroteos, explosiones, sangre y agua casi a partes iguales. Un final que, si bien es espectacular, no concuerda demasiado bien con el carácter minimalista y calculado del resto de la historia. Eso sí, la forma de justificar dicho giro argumental es más que correcta.

El director se vale de dos actores solventes como Farrell (cada vez más cómodo en estos papeles de héroe atormentado) y Rapace para apoyar sobre ellos una historia de amor y venganza incubada de una ventana a otra, y para demostrar que el amor es capaz de llevar al traste cualquier plan, por muy detallado que esté. Historia de amor, de venganza y de sufrimiento cuya fría fotografía genera esa sensación de soledad y tristeza que acompaña a la mayor parte del metraje. Sin embargo, no hay que olvidarse de Hollywood, esa criatura capaz de transformar una trama hasta dejarla en un mero entretenimiento. Tal vez con algo más de libertad podríamos estar hablando de un thriller más novedoso.

Nota: 6,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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