La primera película de… Rob Zombie: ‘La casa de los 1.000 cadáveres’


El sireno, una de las criaturas de 'La casa de los 1.000 cadáveres', de Rob Zombie.Aseverar que se pueden contar con los dedos de una mano los músicos, escritores, artistas, etc., que han triunfado en su salto a la dirección cinematográfica puede que sea tan arriesgado como falso. Sin embargo, no es común que alguien ajeno al mundo del séptimo arte triunfe de forma tan contundente como lo hizo en 2003 Rob Zombie, alma mater del grupo musical White Zombie, con La casa de los 1.000 cadáveres, al menos dentro de los límites del género de terror y gore. Cuando la película llegó a los circuitos comerciales sorprendió a propios y extraños por su fascinante combinación de temáticas tan clásicas como las familias asesinas del interior de Estados Unidos y los cultos satánicos. La mezcla, explosiva y no apta para todos los estómagos, supuso el descubrimiento de un narrador ajeno a la delicadeza dentro del mundo del terror que ahora nos presenta su última apuesta, The lords of Salem.

La trama, en realidad, es extremadamente simple y previsible. Dos parejas de universitarios deciden recorrer los rincones más desconocidos de Estados Unidos en busca de la leyenda del Dr. Satán, un excéntrico científico que se hizo famoso por sus experimentos con seres humanos. Cuando llegan al lugar indicado no solo no logran encontrar una pista clara acerca de su existencia, sino que se topan con una familia de psicópatas y asesinos en serie que iniciarán una caza en la que las presas no son otros que los jóvenes. ¿Conocida, verdad? Analizado desde varios puntos de vista, el argumento guarda mucha relación con La matanza de Texas (1974) o con Las colinas tienen ojos (1977). ¿Qué es lo que la ha convertido, entonces, en un film de culto en tan poco tiempo entre los fans?

La respuesta reside, sin duda, en su director y en la frescura visual, por decirlo de algún modo, que le imprime al conjunto. Ajeno a censuras y a limitaciones morales (uno de los motivos por los que tuvo dificultades para ser distribuida), Zombie compone un relato macabro hasta la extenuación, un retrato deforme y agónico de los lazos familiares que unen a unos padres desquiciados con unos hijos con unas vocaciones artísticas algo extrañas. Gracias a un desarrollo del guión muy directo que pierde poco tiempo en los preliminares, el músico se permite el lujo de desarrollar a fondo todo un mito como el del Dr. Satán, encarnado no solo en los sádicos miembros familiares, sino en una secuencia final tan dantesca como grotesca.

Su uso del color es uno de los pilares del conjunto, aunque tal vez no sea el más impactante. A lo largo de la película las escenas se suceden con predominancias de verdes, de grises y de rojos, sobre todo de rojos. Gracias a esta herramienta el film adquiere un aura de cuento para adultos y de fantasía reconvertida en pesadilla, pero también permite un desarrollo narrativo de las emociones latentes dentro de cada una de las situaciones límite que se viven en la trama. No tanto las de los cuatro desafortunados jóvenes, las cuales son más que evidentes y, en cierto modo, tópicas, como las del clan familiar, auténtico meollo del asunto y protagonistas de una secuela diametralmente opuesta en lo que a formato se refiere: Los renegados del diablo (2005)

Artistas del cuerpo humano

En efecto, lo más interesante de esta historia son los miembros de la psicópata familia. Todos y cada uno de ellos representa, en una especie de parodia malsana, los cánones de la familia modelo norteamericana. Es evidente que en este aspecto fueron fundamentales los actores elegidos, entre los que destacan Sid Haig (Mimesis), cuyo Capitán Spaulding es ya un referente en el cine gore, y Bill Moseley (The tortured), en uno de los personajes más complejos emocionalmente hablando de los últimos años dentro del género y autor de una macabra criatura como es el sireno que acompaña este texto.

Ambos, acompañados por la mujer del director, Sheri Moon Zombie (Halloween. El origen), y por Karen Black (Mi vida es mi vida), aportan una mayor atmósfera insana a una casa ya de por sí asfixiante en su diseño y en su iluminación. La forma de abordar no solo la naturaleza psicótica de los personajes, sino las viciadas relaciones entre ellos, es lo que compone un cuadro mucho más terrorífico que la propia persecución en sí o la resolución de los asesinatos. Esta línea, desarrollada ya por films similares anteriores, adquiere de la mano de Zombie una dimensión nueva y extraña, entre otras cosas por el poco miedo que parece tener al uso de recursos propios del gore.

Este es, posiblemente, lo más llamativo de La casa de los 1.000 cadáveres. Su uso de vísceras, de sangre y de la opresiva atmósfera de los bosques estadounidenses no parece tener fin, ni siquiera con la dramática resolución de la trama. La película termina por convertirse en una montaña rusa de emociones al límite, un viaje a los infiernos más desagradables del ser humano, que demuestra en el film de Zombie que puede superarse una vez más. No hay que olvidar señalar que la película es uno de los títulos que a principios del siglo XXI modificaron la forma de entender el terror y el gore, de ahí también su carácter de culto. Sin embargo, y a diferencia de otros como Amanecer de los muertos (2003), deja a un lado el clasicismo formal para entregarse por completo a una deformación de los encuadres y de las violentas secuelas, aportando ese aire fresco que antes mencionábamos.

Lo cierto es que La casa de los 1.000 cadáveres es un espectáculo que debe ser visto y vivido para poder comprenderlo. La simbología de buena parte de sus escenas, las alusiones referenciales a mitos y leyendas o la propia mirada del director enriquecen hasta límites insospechados una historia que, por lo demás, es previsible en exceso. Es este un buen ejemplo de que la trama no siempre necesita ser compleja o dramáticamente intensa. Si se cuenta con unos personajes icónicos y una forma de narrar diferente y propia se puede alcanzar un notable grado de calidad. Han pasado 10 años y ya se ha convertido en un film de culto entre los fans. Parece indudable que, con los años, superará estas barreras para convertirse en un clásico.

 

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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