‘El gran Gatsby’: la luz verde al final del túnel


Leonardo DiCaprio, Carey Mulligan, Tobey Maguire y Joel Edgerton en 'El gran Gatsby', de Baz Luhrman.Puede que muchos se rasguen las vestiduras con esta nueva versión de la obra de F. Scott Fitzgerald realizada por Baz Luhrman (Australia). Se hablará de su innegable despliegue visual. Se hablará también de la moderna música elegida para acompañar una historia de los dorados años 20 en Nueva York. Incluso se dirá que no es fiel al espíritu de la novela. Bueno, tal vez lo que cabría preguntarse es: ¿realmente es Baz Luhrman un director al uso? ¿Acaso su Romeo y Julieta de William Shakespeare (1996) se mantenía fiel al texto teatral? Es con esa idea en mente con la que hay que acudir a ver este El gran Gatsby.

Y precisamente con esa idea es con la que se puede separar el grano de la paja en esta historia de pasados ocultos, de excesos sociales y, en el fondo, de amor maldito. No cabe duda de que la forma, la carcasa que envuelve la trama es apabullante. El ambiente de derroche, lujo y fiestas que define el mundo del misterioso Gatsby (un maravilloso Leonardo DiCaprio que definitivamente ha alcanzado ese punto en el que da igual lo que haga, siempre estará soberbio) queda definido desde el primer momento a través de los ojos del narrador/protagonista. Curiosamente, la elección musical de Luhrman, lejos de resultar incompatible, termina por aportar el necesario punto de modernidad a una sociedad en auge y a las impresiones que recibe un joven de provincias que llega a la gran ciudad. Una apuesta arriesgada pero acertada.

Ahora bien, el director peca de nuevo en su talón de Aquiles más importante: el manejo de los tiempos. La historia centra tantos esfuerzos en introducir al espectador en el brillante espectáculo visual que tarda demasiado en ponerse seria y desarrollarse como es debido. De hecho, las pinceladas que va dando durante su primera mitad son tan evidentes que uno termina por sospechar que algo extraño ocurre con excesiva antelación, de ahí que cuando todo empieza a tomar forma la película se vuelve algo previsible. Eso no evita, sin embargo, que el desarrollo dramático en sí no tenga las suficientes dosis de tragedia, romance y tristeza, lo que termina dando a este luminoso túnel un punto de esperanza, un poco en similitud a esa característica esperanza de Gatsby al mirar cada noche la parpadeante luz verde.

Decir que El gran Gatsby, versión Luhrman, es una buena película tal vez sea excesivo. Es un entretenimiento muy bien realizado y con un reparto excepcional en el que ninguno de los actores desentona, con especial mención a Tobey Maguire (Pleasantville) y Joel Edgerton (El rey Arturo). Sin embargo, no trasciende más allá. Su duración de dos horas y media juega en su contra en gran medida por la falta de equilibrio narrativo entre la opulencia visual del conjunto y el intimismo dramático de la relación de amor imposible. Curiosamente, ambos elementos son vasos comunicantes, pues cuando uno se hace fuerte el otro se debilita. En el fondo, todos los elementos están ahí, pero se echa en falta un buen nexo de unión entre ellos.

Nota: 6,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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