‘Stoker’: la perturbación de los secretos familiares


Mia Wasikowska y Matthew Goode protagonizan 'Stoker', de Park Chan-wook.No creo que descubra ningún secreto si afirmo que los realizadores asiáticos tienen, por norma general, un sentido estético mucho más desarrollado que la mayorías de directores occidentales. Ver un film realizado en Corea, en Japón o en China supone no solo acercarse a culturas desconocidas, sino a una forma muy distinta de entender el séptimo arte. Por eso siempre existe cierto morbo cuando uno de dichos directores se embarca en un proyecto europeo o norteamericano. El caso del director de Sympathy for Mr. Vengeance (2002) es uno de esos que envuelve al espectador desde el primer minuto gracias, por decirlo escuetamente, a una labor impecable en todos sus aspectos.

Por supuesto, lo que más destaca de esta historia intimista sobre secretos familiares y herencias genéticas es su abanico cromático y su poderoso simbolismo, en los que el verde y el amarillo predominan por encima del resto. La capacidad de Park Chan-wook para narrar en imágenes mudas, con las únicas herramientas del color, el encuadre y unos actores muy solventes, es apabullante. Quizá el momento que más destaque sea esa transición de cabello a hierba alta, pero existen muchos otros poéticos momentos. Una poesía que enmascara, como es habitual en el director, una historia turbadora, incómoda y provocativa que desconcierta la lógica del espectador para obligarle a dudar, en último término, sobre el verdadero monstruo de la película.

La película hipnotiza. Tal vez por eso es tan difícil encontrarle peros al guión de Wentworth Miller (sí, sí, el mismo, el protagonista de la serie Prison Break). Y aún así los hay, fundamentalmente en el desarrollo de una trama que, en un intento de ahondar en las emociones de su protagonista, una joven extraña y solitaria interpretada inquietantemente bien por Mia Wasikowska (Alicia en el País de las Maravillas), se olvida de consolidar algo más algunas líneas argumentales secundarias, amén de generar cierta confusión ante la falta de información a principio del segundo acto, cuando las sospechas empiezan a generarse en el ambiente que rodea al film.

En cualquier caso, son problemas menores que quedan solucionados por su fuerza narrativa y visual y, sobre todo, por un Matthew Goode (Watchmen) que es capaz de transmitir más con una mirada y una medio sonrisa que la mayoría de actores actuales. Su presencia es la verdaderamente perturbadora, sobre todo si sumamos la propia naturaleza misteriosa de su personaje. Stoker es una delicia visual sin cortapisas, aunque no está hecha para el gusto de todos. Al final, y aunque cuenta con un reparto internacional, es puro cine asiático en su estética, en su cadencia narrativa (mucho más lenta) y en su planificación. Pero que nadie se amedrente. La película es un thriller tan atractivo como perturbador.

Nota: 7,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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