‘Jamón, jamón’, radiografía social de Bigas Luna impregnada de deseo


Penélope Cruz y Javier Bardem protagonizaron una erótica escena en 'Jamón, jamón', de Bigas Luna.El cine español está de luto. Más bien, lleva vistiendo de negro desde hace semanas. La última en dejarnos ha sido Sara Montiel (Veracruz), quien moría ayer a los 85 años, pero antes José Sancho (París Tombuctú), Mariví Bilbao (serie Aquí no hay quien viva), Jesús Franco (La bahía esmeralda) y Bigas Luna dejaban un importante hueco en el panorama cinematográfico. Precisamente este último moría el pasado fin de semana a la edad de 67 años víctima de un cáncer que poca gente parecía conocer. Un fallecimiento tan inesperado como impactante, sobre todo para aquellos que pudieron trabajar con él y aprender algo más de este director de cine cuya temática fue, en líneas generales, el reflejo en imágenes del placer, del deseo y de los sentimientos. Uno de los más importantes fue Jamón, jamón (1992), película que pasará a la historia de la prensa rosa por ser el primer encuentro entre Javier Bardem (Skyfall) y Penélope Cruz (Nine).

Esta historia de celos, amores no correspondidos y conflictos sociales representa, en cierto modo, la esencia del cine de Luna. Con un interés por las zonas marginadas y los personajes marginales que roza la obsesión, el director de Huevos de oro (1993) compone un mapa de las relaciones humanas dominadas por el deseo y la pasión, así como el carácter clasista de una parte de la sociedad. La trama gira en torno a un joven heredero de una fábrica de ropa interior cuya novia, empleada de la planta, queda embarazada. Y aunque él está dispuesto a casarse con ella, su madre se niega en rotundo a la unión dado el origen humilde y marginal de ella, por lo que traza un plan para que un joven modelo y aficionado al toreo seduzca a la chica y evite la boda. Claro que el plan no saldrá como estaba previsto.

Más allá del aspecto visual del film, con una decadencia generalizada en los diferentes ambientes que se muestran en la trama, lo más interesante reside en el erotismo que rezuma la labor de Bigas Luna tras las cámaras. Y no hablamos de simples planos de pechos o de secuencias de sexo, si bien tal vez sean los elementos más identificables. Si por algo será recordado el autor de La teta y la luna (1994) es por su capacidad para convertir en erotismo incluso momentos tan violentos como el final de Jamón, jamón. Su uso de la cámara y de la fotografía, así como del lenguaje corporal y verbal convierte todo lo que rueda en un testimonio del placer, del hedonismo. Y aún así, es capaz de componer dramas cuya sustancia está bastante alejada de ese erotismo tan característico de su filmografía.

El caso de esta primera película para Penélope Cruz y Jordi Mollá (Nadie conoce a nadie) es un claro ejemplo. En el fondo, la trama es una denuncia social a la cada vez más marcada división de clases, provocada no tanto por un estatus otorgado por el dinero o el poder, sino por las ambiciones de unos progenitores que buscan medrar en la escala social a costa de unos hijos que parecen tener todo de cara. Lo más irónico del film, y lo que convierte a Luna en el gran director que es, es que esa separación entre los propietarios de la fábrica (léase la clase alta) y los trabajadores (léase la clase baja) no deja de ser una hipocresía social que nada puede hacer contra la pasión. Y si la madre intenta que el hijo rechace a su embarazada novia, ella misma es víctima de los celos que pretende provocar en su hijo.

La depravación de las bajas emociones

Antes mencionábamos el aspecto visual de Jamón, jamón. De toda la filmografía de Bigas Luna, tal vez sea esta película la más identificable en un solo plano. Como buena historia patria y reflejo de una época de España, dos son los elementos que parecen omnipresentes a lo largo de la historia: la figura del toro de Osborne y el jamón serrano. El primero es testigo de los escarceos amorosos de unos y de otros, mientras que el segundo representa la tragedia. Amor y muerte, sexo y soledad. Elementos todos ellos muy presentes en el film, aunque en muchos casos desvirtuados por los instintos más bajos del ser humano.

Personalmente nunca he sido un seguidor acérrimo del director de Las edades de Lulú (1990), pero eso no debería ser impedimento (ni para mí ni para nadie) para poder apreciar la ácida crítica a la falsedad y la depravación del ser humano y, en concreto, de la clase privilegiada que se realiza en esta historia. Si bien el triángulo amoroso de los jóvenes deja patente que la felicidad se encuentra en los elementos más humildes de la vida y con aquellas personas que sean capaces de entendernos, es el personaje de la madre (Stefania Sandrelli) el que acapara todas las atenciones del descenso a los infiernos de esta familia propietaria de una línea de ropa interior.

Fría y calculadora, sus planes para terminar con la relación de su hijo se mezclan poco a poco con su deseo por el joven al que utiliza como arma para esa ruptura. Un deseo que, en un primer momento, dirige hacia su propio hijo, y que después convierte en celos. Una combinación que, como si de una tragedia griega se tratara, se escenifica en esa pelea final a jamonazos donde todos los elementos de la trama están presentes. Y no nos referimos a los actores, que también, sino a lo que representa: los celos, la lujuria, el amor, la tristeza, la angustia y el odio.

En efecto, Bigas Luna es el director de los sentimientos, de las pasiones. Pero a diferencia de otros autores, su mirada no trata de exponer simplemente dichos conceptos, sino que son herramientas para narrar historias mucho más complejas, con diversas capas que permiten un análisis más y más profundo de las inquietudes sociales y humanas de un realizador que, por desgracia, ha quedado definido en muchos círculos con una simplicidad que no hace justicia a su carácter ni a su creatividad. Jamón, jamón así lo prueba, pero no es la única. El cine español pierde a uno de sus exponentes más importantes. La historia del cine español gana otro de sus referentes.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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