‘G.I. Joe: La venganza’: ausencia de pilares narrativos


Dwayne Johnson protagoniza 'G. I. Joe: La venganza' junto a Bruce Willis.Hablar de la continuación de la película de 2009 centrada en los juguetes de la compañía Hasbro y de su correspondiente serie de televisión animada de los años 80 es hablar de la ausencia. Es de suponer que a nadie se le escapa que una secuela de un film tan relativamente limitado como fue G.I. Joe tiene pocos argumentos a su favor, salvo tal vez la oportunidad de ver secuencias de acción imposibles, tecnología casi inimaginable y disparos por doquier. Y así es. Por eso, lo más llamativo de esta cinta es la ausencia de dos de los atractivos que sí tuvo la primera entrega, y que son nada más y nada menos que el protagonista y el director. Claro que no son las únicas ausencias, aunque tal vez las que hayan provocado la aparición del resto.

Ir a ver G.I. Joe: La venganza con la idea de asistir a una cinta de acción con identidad propia resulta una utopía. Ya desde el comienzo el director de la cinta, Jon M. Chu (Step Up 3D), deja claro que la empresa de trasladar a la pantalla las aventuras de este cuerpo militar de élite le queda grande. Más allá de la intrascendencia de algunos diálogos o de la linealidad del desarrollo dramático (cosas en las que él no tiene peso específico), resulta llamativo que algunas secuencias de acción están impregnadas de cierto caos visual, perdiendo por momentos la perspectiva de los personajes y el entorno (cosas que sí dependen de él). Desde luego, no es Stephen Sommers (Van Helsing), con todo lo bueno y lo malo que eso implica.

Tal vez lo mejor de la cinta sea su ritmo y el carisma que desprenden algunos de sus actores por sí mismos. Desde luego, la acción apenas deja tiempo para narrar una historia detrás de tantas explosiones, lo que en el fondo es hasta producente. Pero además, la presencia de Dwayne Johnson (El tesoro del Amazonas) aporta algo de empaque a unos personajes excesivamente estereotipados, algo que está heredado de la animación original. Mención aparte merece la presencia de Bruce Willis (El último Boy Scout), quien parece ser el único capaz de reírse de sí mismo en este marco de disparos, explosiones y clichés imposibles.

Al final, y pese a todas sus carencias y sus estereotipos, G.I. Joe: La venganza es un producto puramente evasivo que induce al consumo masivo de palomitas y refrescos, sin más intención que la de distraer un par de horas de los problemas nacionales e internacionales de nuestro entorno. Por cierto, que en este sentido resulta irónica la mención de Corea del Norte en un momento crítico de la trama. Un producto tan distraído como olvidable según se encienden las luces.

Nota: 5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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