‘Los últimos días’: la angustiosa búsqueda de humanidad


Quim Gutiérrez y José Coronado en 'Los últimos días', de David y Álex Pastor.Tras décadas en las que el cine español se identificaba, al menos a nivel popular, con historias sobre la Guerra Civil, el sexo o las drogas, desde hace ya varios años se está produciendo un cambio de dichas impresiones generado principalmente por las producciones de género, en concreto del fantástico y del terror. Y lo cierto es que la factura técnica y artística de dichas películas se encuentra a la altura de muchos de los films en los que se miran, los de Hollywood. Lo último de los hermanos Pastor, David y Álex, quienes por cierto ya han tenido su particular aventura norteamericana con Infectados (2009), sigue esta estela de buen cine de género, componiendo una historia asfixiante y dinámica que camina por derroteros tal vez demasiado conocidos.

Y como suele pasar en este tipo de tramas, tal vez lo más terrorífico sea una premisa inicial cuyo origen desconocen protagonistas y espectadores. La epidemia de esa especie de agorafobia que mata al instante a cualquier persona que salga de un edificio es la excusa perfecta para mostrar una Barcelona apocalíptica en la que la Humanidad ha perdido todos aquellos valores que un día la definieron. Si bien es cierto que en ningún momento Los últimos días intenta ser nada más de lo que es, hay que reconocer que en ese contexto de previsibilidad los directores y guionistas consiguen una atmósfera opresiva, acorde a la locura y la desesperación de no poder salir de un edificio.

Al igual que ocurrió con su film norteamericano, los Pastor muestran un viaje cuya motivación fundamental es la supervivencia en un entorno donde el ser humano es el mayor de los peligros, y para eso son fundamentales sus dos actores principales. Curiosamente, es José Coronado (El cuerpo) quien termina por atraer todas las miradas gracias a un personaje tan odioso como heroico que se convierte en el motor y el apoyo del protagonista, un Quim Gutiérrez (La cara oculta) que no resulta del todo convincente. La relación entre ambos, nutrida por numerosos flashbacks que muestran el inicio del fin (y que son de lo mejor del film), es lo que debe sustentar el relato, y lo consigue gracias no tanto a la química de los actores, sino al trasfondo de ambos personajes, unidos por unas circunstancias de lo más irónicas.

Es una lástima, como ya hemos comentado, que la historia se mueva por terrenos excesivamente conocidos. Apenas hay lugar para la sorpresa o la novedad. Ni siquiera el final, esperanzador como pocos y muy hermoso, logra eliminar la sensación de estar ante un producto que ya se ha visto con anterioridad. Esa falta de originalidad es lo que convierte a Los últimos días es un producto de género sólido y muy interesante, pero no en una obra sobresaliente. Y podría haberlo sido, sin duda. Con todo, y acostumbrados a lo que muchas veces nos llega desde la maquinaria cinematográfica de España, hay que reconocer su calidad, sobre todo en un diseño de producción que quita el aliento.

Nota: 6,5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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