La previsibilidad y el exceso de realismo de ‘El clan del oso cavernario’


Daryl Hannah es Ayla en la adaptación de 'El clan del oso cavernario', de Jean M. Auel.La compañía Dreamworks ha vuelto a poner de moda las historias sobre cavernícolas con su propuesta animada, Los Croods. Los orígenes del hombre han sido uno de los temas que, a lo largo de la historia del cine, directores y guionistas más han utilizado para expresar sus ideas sobre los cambios generacionales, la dureza de la vida o los grandes descubrimientos que cimentaron las bases para el desarrollo posterior del ser humano. De todas las películas realizadas queremos hoy poner el acento en un título que puede que muchos aficionados al cine no conozcan. Se trata de El clan del oso cavernario, adaptación de la novela homónima de Jean M. Auel realizada en 1986. Para aquellos que no se hayan acercado a las novelas de la escritora estadounidense, este título es el primero de una saga de seis novelas que se recogen bajo el sobrenombre Los Hijos de la Tierra, y narra la vida de una cromañón de nombre Ayla desde que es acogida por una familia de neanderthales hasta que se convierte en una inteligente y bella mujer cuyos conocimientos sobre medicina y curación son difícilmente igualables.

En este contexto, el director Michael Chapman (La clave del éxito) y el guionista John Sayles (Aullidos) llevaron a cabo una adaptación que intentaba trasladar el espíritu de las novelas de Auel, sobre todo la idea de mostrar dos razas de seres humanos diferentes tanto en físico como en intelecto, aunque muy parecidos en otros aspectos. Desde luego, si algo positivo se puede sacar de esta adaptación es la valentía de su propuesta, sobre todo en el apartado interpretativo y narrativo. Protagonizada por Daryl Hannah (Un, dos, tres… splash), el film contaba con la presencia de relevantes nombres de los años 80 como Pamela Reed (Poli de guardería), James Remar (serie Dexter), Thomas G. Waites (La cosa de 1982) o Curtis Armstrong (Risky business). La mención del reparto viene a cuento porque todos ellos tuvieron que realizar una ardua tarea de transmitir mediante gestos y sonidos guturales el desarrollo de la trama.

Y es que las novelas de Auel, si bien se nutren de diálogo como cualquier otra obra, dejan muy claro desde un principio que la forma de comunicarse de ese clan que tenía por tótem al oso cavernario era mediante gestos, apoyándose de vez en cuando en sonidos generados por un aparato fónico poco desarrollado. Dicha apuesta por parte de los responsables del relato aporta una seriedad y verosimilitud a la trama fuera de lo corriente, permitiendo al mismo tiempo a los actores explotar al máximo sus cualidades interpretativas. Del mismo modo, la falta de diálogos y el entorno salvaje en el que se desarrolla la acción permitieron a Chapman buscar todo tipo de recursos narrativos que, por suerte o por desgracia, dan al conjunto un empaque grandilocuente, con unos escenarios realmente hermosos a la par que peligrosos.

Sin embargo, no estamos ante un film que pueda considerarse revolucionario o influyente. Más bien al contrario. La producción pasa desapercibida, ya incluso en el momento de su estreno, por una serie de errores de previsión y de producción que la llevan a convertirse en una serie B de difícil trato, incapaz de superar sus propias limitaciones. Curiosamente, dichas limitaciones tienen mucho que ver, si no todo, con esa apuesta por no decir ni una palabra en todo el film. La falta de referencias habladas no solo impide una comprensión adecuada de lo que ocurre en pantalla, sino que obliga al espectador a realizar un trabajo doble: atender a la acción y a las señas de los personajes. El resultado es la pérdida de atención de alguno de los elementos de la trama, generándose la sensación de que algo no encaja en esta historia prehistórica.

Violencia cavernícola

La propia autora de los libros rechazó la adaptación. Según ella, era demasiado violenta. En cierto modo, no le falta razón. Aquellos que hayan leído las novelas sabrán que sus páginas no esconden en ningún momento la violencia, física o psicológica, que acompaña a la protagonista. Lo bueno es que en la novela el lector tiene en todo momento presentes las emociones de Ayla, el personaje de Hannah, gracias a los diálogos y a esa herramienta propia de la literatura que es el narrador omnipresente.

La película de Chapman, por el contrario, peca de exceso de realismo en este sentido. Como director que muere con sus ideas, las emociones y pensamientos de la protagonista y de los secundarios que la apoyan o la atacan quedan a merced única y exclusivamente de la capacidad de los actores, sobre todo porque su labor a la hora de narrar con imágenes es algo limitada. Siendo sinceros, hay que ser muy buen director en todos los sentidos para lograr que un reparto emocione o transmita con su rostro como única herramienta. Y por desgracia, El clan del oso cavernario no cuenta con esa figura. Al final, esa violencia que queda algo aplacada por los diálogos y las impresiones personales en las hojas de la novela se revela en las imágenes con toda su crudeza, capaz de generar algo de malestar en el espectador, pero por el mero hecho violento, no por el sufrimiento que puedan transmitir los actores.

Del mismo modo, el film peca de un exceso de convencionalismo en su guión. Si bien es cierto que una adaptación literaria deja poco margen a la imaginación, el desarrollo dramático de la trama, que recoge la infancia y entrada en la madurez de la protagonista, es excesivamente lineal. Apenas existen sorpresas o giros inesperados, pues muchas de las secuencias más impactantes quedan mermadas por el anuncio paulatino durante el metraje anterior. Entre esto y la falta de diálogos, el film se convierte en un producto que genera poco o ningún atractivo, salvo por el hecho de ser considerado una rareza dentro del género.

El clan del oso cavernario podría haber dado mucho más de sí. De hecho, podría haber sido el inicio de una saga, pero la arriesgada apuesta no salió bien. Y aunque buena parte del problema estriba en su ausencia de diálogos hablados, no debe ser esta la excusa a esgrimir. Muchas son las películas que han apostado por eso y han salido más o menos victoriosas. No. El problema radica en que su apuesta por la autenticidad y el realismo conduce la trama por unos derroteros excesivamente previsibles y naturalistas. Cierto es que la historia original es así, pero una novela puede permitirse ese tipo de licencias gracias a que dispone de otros recursos que la enriquecen. Una película debe utilizar sus propias armas.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

2 Responses to La previsibilidad y el exceso de realismo de ‘El clan del oso cavernario’

  1. Jou dice:

    Tonterías. En el libro hay mucha más violencia que en la película y dura mucho más. Me he leído todas y el único que merece la pena es el primer libro. ¿Diálogos? Eso es absurdo ya que no hablaban. Es más que probable que el canibalismo formara parte de su cultura y en el libro y en la película brilla por su ausencia. Si no te gusta lo que cuentan vete a ver una de Disney, que, en el fono, es un poc esto.

    • No sé si de tu comentario se desprende si coincides o no con el texto, pero en cualquier caso nadie niega que en el libro haya más violencia que en la película. Y aunque en aquella época nadie hablara, existen numerosos recursos narrativos para convertir los gestos y gruñidos en diálogos que permitan una mejor comprensión de la historia. Un saludo!

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