‘Los amantes pasajeros’: sexo homosexual de altos vuelos


Raúl Arévalo, Carlos Areces y Javier Cámara durante el número musical de 'Los amantes pasajeros'.El subconsciente no engaña y, mal que nos pese, termina por hacerse patente en nuestras decisiones. Que a buena parte del público español se le antoje el cine de Pedro Almodóvar (La mala educación) como un compendio y un mapa de los deseos sexuales de homosexuales o de las frustraciones y anhelos de mujeres de cualquier condición no es casualidad. En su nueva película, tal vez para demostrar que es capaz de exponer todos los elementos de su cine sin ningún tipo de tapujos, da rienda suelta a los conceptos más transgresores que han marcado su trayectoria. El problema es que lo hace sobre una base que solo se sustenta en un pilar con tres patas, lo que hace tambalearse al conjunto hasta terminar siendo algo indiferente.

Dicho pilar está compuesto por los tres asistentes de vuelo homosexuales y, dicho vulgarmente, “muy locazas”. Muy bien interpretados por Javier Cámara (Torremolinos 73), Raúl Arévalo (También la lluvia) y Carlos Areces (Lobos de Arga), su presencia no solo arroja luz sobre un conjunto algo sombrío, sino que supone todo un riesgo, una apuesta personal por el exceso que, en otro contexto y con otros actores, posiblemente supondría la sentencia de muerte del film. Un film, por cierto, que es una especie de Aterriza como puedas (1980) versión Almodóvar.

Y ahí está el problema. El director manchego se sirve de una excusa barata para sacar a relucir todas las miserias sexuales de los personajes que interactúan frente a la cámara. Todo gira alrededor del mismo tema hasta saturar la paciencia del espectador. Sí, existen momentos divertidos, principalmente los relacionados con los tres personajes antes mencionados, pero el resto es un quiero y no puedo. Al fin y al cabo, el secreto de Aterriza como puedas y del resto de la saga era el surrealismo tan variopinto que acompañaba a sus personajes. En el caso de la película que nos ocupa, dicha variedad parece querer mostrarse al inicio para desaparecer a los pocos minutos, dejando paso al sexo y a las bromas sexuales, muchas de ellas excesivamente infantiles para el tipo de cine que firma Almodóvar.

El director de Todo sobre mi madre (1999) ha confesado que esta es su película más gay, y desde luego componentes homosexuales no le faltan. Más bien, le sobran, pues en su intento de demostrar que todos, o casi todos, llevamos a un homosexual en nuestro interior se olvida por completo de dar empaque a las diferentes historias que se citan en ese fallido vuelo a ninguna parte. Al final se expone mucha información pero se desarrolla poco y se concluye aún menos o, mejor dicho, se hace de forma atropellada y tosca. Algo similar a lo que le ocurre a la narrativa en varios momentos, donde los planos y las reacciones de los actores no parecen encajar en la secuencia que se desarrolla. El sexo y la homosexualidad terminan por devorarlo todo, como si de una comedia adolescente norteamericana se tratara. Divertida, sí, pero excesivamente simple.

Nota: 5,5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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