‘Ringu’, la revolución asiática del terror fantasmagórico


Los conceptos visuales de 'Ringu' han marcado a toda una generación.Es curioso cómo una cinta es capaz de convertirse, casi de la noche a la mañana, en un referente cultural y generacional. Puede que a muchos esto no sea un motivo real para hablar de clásico, pero el hecho de que su influencia abarque diferentes culturas, épocas y estilos visuales deberían convertir a dicho título en una de las obras básicas de una época. Sin duda, ese es el caso de The Ring: el círculo, traducción del original japonés Ringu, estrenado en 1998 con un éxito tan arrollador que aún hoy deja ver su influencia, como es el caso de la reciente Mamá. Y lo más curioso de todo es que la película no es en sí una obra que contenga una fuerte crítica social o sea un alarde de originalidad visual. Más bien, supo trasladar a la pantalla y a todas las culturas la estética asiática en el campo del terror, generando una auténtica fiebre que ha cambiado para siempre el panorama del género.

Lo que sí cabe reconocer al film es lo original de su trama, basada en la novela de Kôji Suzuki, al que se equipara con Stephen King. La historia gira en torno a una joven reportera que investiga la misteriosa y aterradora muerte de su sobrina y otros tres amigos. Sus pesquisas le llevan a encontrar una cinta VHS maldita que, tras ser vista, provoca la muerte al cabo de siete días, llamada de teléfono incluida avisando del fatídico final. Tras ver la cinta, la joven iniciará una carrera contrarreloj por averiguar cuál es el origen de la maldición, salvar su vida y, lo que es más importante, la de su hijo, quien tuvo acceso a la cinta sin que ella se diera cuenta.

El argumento, como puede apreciarse, posee todos los elementos clásicos del moderno cine de fantasmas: un entorno actual confrontado a un pasado sobrenatural y trágico que acecha a los protagonistas en busca de la ayuda necesaria para poder descansar en paz. Sin embargo, en el caso de la cinta dirigida por el maestro del género Hideo Nakata (Dark Water), el meollo de la trama no es en sí el terror de las criaturas fantasmagóricas, sino la investigación casi policíaca que realiza la joven, los descubrimientos y ese desenlace frenético por seguir viviendo. A diferencia de otras cintas similares provenientes del mismo país, Ringu se nutre principalmente de una ambientación deliberadamente angustiosa, provocada más por la historia que se descubre poco a poco (y por algunos detalles realmente estremecedores) que por el susto fácil o las apariciones bruscas.

Este, sin duda, es el gran punto de inflexión entre el cine oriental y el cine occidental de terror. En la película de Nakata (de la que, por cierto, se hizo un remake con Naomi Watts como protagonista) prima por encima de todo el desarrollo coherente de la trama. Coherente en la medida de lo posible, claro está. Así, se evita casi en todo momento la necesidad de mostrar al fantasma de turno, una joven de camisón blanco empapado y pelo negro como el carbón que, para bien o para mal, ha señalado los cánones del monstruo de terror moderno. ¿O acaso existe algún fantasma de película de terror en los últimos 10 años que no encaje en tal definición? El principal problema de las propuestas que llegaron más tarde es que solo se quedaron con este elemento, y no con el trasfondo de toda la cinta.

Mayor impacto final

La teoría del género de terror asegura que siempre es mejor ocultar el monstruo, mantenerlo oculto en las sombras el mayor tiempo posible y mostrarlo solo parcialmente. Psicológicamente, es evidente que esta idea unida a una creciente tensión y ansiedad conseguida con la ambientación y una historia bien cuidada generan un miedo mucho más efectivo que los efectismos de hoy en día. La cinta japonesa pone de manifiesto la idea en un grado superlativo. A medida que avanza el metraje el espectador se sumerge junto a la protagonista en esa carrera hacia adelante por lograr una victoria sobre un mal que parece inevitable. Pero en ningún momento dicho mal se muestra, salvo al final.

Para toda una generación que tuvo la oportunidad de ver Ringu en pantalla grande, de la que tengo la suerte de formar parte, esta es una de las películas más aterradoras de los últimos tiempos. Como decimos, no tanto por los sustos fáciles que tienen su efecto en el momento, sino por la intranquilidad que se apodera del cuerpo durante varias horas después. En este sentido, la creciente tensión va aparejada a una expectativa por ver qué es lo que provoca esa mueca de terror en las víctimas del vídeo. Una expectación que no decepciona, pues es inolvidable la imagen de la joven saliendo del pozo en la imagen de la televisión… y saliendo a su vez de esta, en lo que podríamos considerar la fusión entre el pasado y el presente, entre el mundo audiovisual y el mundo real.

De este modo, el mundo fantasmagórico de la película se mueve, a diferencia de buena parte del imaginario occidental, en la tecnología, algo con lo que el mundo asiático está bastante obsesionado. En el caso de la película que nos ocupa, en la tecnología más clásica, las viejas cintas VHS que permiten a la historia un desarrollo que no habrían podido tener con las modernas redes sociales o las descargas por Internet. O tal vez sí, aunque entonces posiblemente estaríamos hablando de un fantasma que debería llegar a cobrar un canon por matar a tantos jóvenes. Bromas aparte, el film de Nakata supone así un homenaje al tradicional sistema de grabación, al mismo tiempo que confirma la idea de que el terror se mueve más rápido y se sirve de la tecnología para subsistir.

Ringu fue la primera y la de mayor éxito. Puede que no fuera la más terrorífica, aunque para esto, como para todo, hay diversidad de opiniones. Lo que sí parece unánime es que ha supuesto un antes y un después en el desarrollo de esta particular rama del terror. Tanto el diseño de sus personajes terroríficos como en las motivaciones que llevan al fantasma a matar, la historia de la cinta de vídeo se deja ver en buena parte de la producción occidental, sobre todo norteamericana, experta en exprimir al máximo el fruto del éxito. Empero, lo mejor de la cinta no se encuentra en elementos puntuales como esos, sino en una historia sólida engrandecida por una ambientación envidiable que ha dejado para la posteridad un film de terror tradicional en su concepción pero moderno en su técnica.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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