Hopkins-Lecter, pilar fundamental de ‘El silencio de los corderos’


Jodie Foster y Anthony Hopkins en 'El silencio de los corderos'.No son pocas las ocasiones en las que un personaje secundario, normalmente el villano de la trama, se alza con un protagonismo tan inusitado que termina por convertirse en el eje sobre el que pivota toda la interpretación posterior de la historia. Es el caso, por ejemplo, de La guerra de las galaxias (1977), con un Darth Vader que se impuso no solo al resto de personajes (incluyendo el protagonista), sino a toda una saga. Y es el caso también del clásico que abordamos ahora, El silencio de los corderos, una de las tramas más inquietantes de todos los tiempos y que modificó en 1991 la forma de entender el cine de suspense con asesinos en serie de por medio. Y en el caso del film dirigido por Jonathan Demme (Philadelphia), el principal motivo es la inolvidable interpretación de Anthony Hopkins, a quien Hannibal Lecter perseguirá durante el resto de su carrera, incluso aunque se esconda bajo el maquillaje de Hitchcock.

En este punto cabe recordar que el leit motiv del argumento, lo que da inicio y motiva todo lo que se ve en pantalla, es en realidad la captura de un asesino en serie que secuestra, asesina y mutila a jóvenes adolescentes. Con la intención de sacar un perfil psicológico del criminal, una joven agente del FBI (Jodie Foster) se entrevista con el mencionado Lecter, psicólogo y caníbal responsable de numerosas muertes, estableciéndose entonces un juego del gato y el ratón que termina por acaparar más la atención que la propia captura del criminal.

El interés que generan dichas conversaciones, a pesar de tener buena parte de su fundamento en el magnífico guión de Ted Tally (Coacción a un jurado) basado en la novela de Thomas Harris, en realidad basa su fuerza en la interpretación de Hopkins. La sutileza del actor a la hora de enfundarse en la piel de un criminal tan inteligente como peligroso han convertido a Lecter en un icono de la cultura moderna, en un modelo de criminal que muchos otros directores han intentado imitar sin acercarse ni siquiera a la superficie. Una sutileza que es capaz de explicar en un solo plano la complejidad de una mente capaz de entender la psicología humana y, al mismo tiempo, de cometer unos crímenes tan atroces como los que se dejan entrever a lo largo de la trama.

La personalidad del actor, unida a la puesta en escena que siempre rodea a su personaje y a la fotografía, con una luz dura y saturada en muchos casos, convierten a este doctor en un ser semidivino dentro de la trama; un ser capaz de manipular a sus semejantes en su propio beneficio sin ofrecer la posibilidad de oposición. Y la mayoría de las veces, simplemente a través de una mirada, de la entonación de una frase o, incluso, de un sonido. Hopkins aleja a Lecter de la locura que suele atribuírsele a los asesinos en serie (y que sí está presente en el otro villano, basado en el famoso criminal Ed Gein) para crear un personaje aún más siniestro si cabe en tanto en cuanto sus actos obedecen a unos impulsos que, en su persona, hay que calificar como naturales.

Es ahí donde reside la verdadera inquietud del film que mencionábamos al comienzo. La fuerza de su interpretación es tal que eclipsa por completo la labor incluso de su “pareja de baile”, una Jodie Foster sencillamente perfecta como agente del FBI inteligente y fuerte que, aunque es capaz de situarse a la altura del intelecto de Lecter (de ahí el interés en todas las secuencias que comparten, normalmente con un cristal de por medio), siempre da la sensación de estar sobrepasada por los acontecimientos en todo lo referente al caníbal, sin duda impregnada también por una cierta atracción generada ante un personaje tan complejo y fascinante.

Un personaje no tan interesante

Puede pensarse que la labor de Hopkins en esta ocasión estuvo, simplemente, a la altura de un personaje bien escrito y definido de antemano sobre el papel tanto de un libro como de un guión. Es cierto, aunque solo a medias. La prueba principal de que Lecter es, ante todo, Hopkins, estriba en una adaptación previa del personaje a la gran pantalla en Manhunter (1986). A pesar de que los nombres que participan en ella poseen un peso específico importante dentro de la industria, la fuerza de El silencio de los corderos hizo que pasara al olvido de la cultura popular, considerando casi los inicios del personaje en la cinta de Demme. Nada más lejos de la realidad.

Sí, Hannibal Lecter ya tuvo una primera oportunidad en aquel film dirigido por Michael Mann (Heat) y en el que el asesino estaba interpretado por Brian Cox (Troya). El hecho de que el actor sea recordado por muchos otros proyectos permite pensar que el personaje, en el fondo, puede no resultar tan interesante por sí solo o, si se prefiere, requiere de un trabajo muy específico que, según parece, solo ha sido capaz de aportar Hopkins. De hecho, para que la novela de Thomas Harris en la que se basa pudiera tener éxito en la gran pantalla fue necesario volver a adaptarla, esta vez bajo el título de El dragón rojo (2002) y con un reparto de excepción en el que destacan Edward Norton (Las dos caras de la verdad) y Ralph Fiennes (El paciente inglés).

Esto confirma que la labor de Anthony Hopkins en El silencio de los corderos va mucho más allá del personaje. Sobre el papel, Hannibal Lecter puede resultar interesante y apetecible para un actor, pero en la pantalla puede derivar en una suerte de caníbal con ínfulas intelectuales (como así ha ocurrido, en cierto modo, en algunas de las precuelas realizadas) que, en el fondo, no deja de ser un pobre reflejo del protagonista del film de 1991. La labor del protagonista de El rito se revela fundamental tanto si se compara con otras entregas de la saga como con otros villanos de otros films. Gracias a Hopkins, Lecter deja de ser un doctor caníbal para convertirse en un ser capaz de hipnotizar con su inteligencia y, lo más peligroso, destruir la cordura de aquellos que le rodean. Y eso no se consigue simplemente con un personaje bien escrito.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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