‘Lincoln’: la luz de un hombre, las sombras de un presidente


Daniel Day-Lewis es 'Lincoln'.Steven Spielberg (Indiana Jones en busca del arca perdida) es uno de esos directores a los que les cuesta mucho ser reconocidos como verdaderos artistas. Es indudable su capacidad para entretener y realizar productos espectaculares, pero pocos (afortunadamente, cada vez más) son los que le reconocen como algo más, como un director de cine con mayúsculas capaz de abordar cualquier tipo de historia y adaptar su lenguaje cinematográfico a las necesidades de la trama. Para aquellos que todavía dudan, Lincoln es una muestra más de que estamos ante un genio, un hombre capaz de emocionar y maravillar con un relato tan sencillo y norteamericano como es la abolición de la esclavitud a través de la decimotercera enmienda a la Constitución de aquel país.

No es esta una de sus películas más fáciles de ver y entender. En todo momento, incluso en los minutos iniciales que se sirven de una breve explicación de la situación de Estados Unidos en aquella época, el director entabla un diálogo con el espectador de igual a igual que requiere no solo de atención, sino de un cambio de mentalidad respecto a la actualidad que vivimos. Eso, y eliminar los prejuicios positivos y negativos que podamos tener. Porque si algo bueno hay en este biopic es que nadie es bueno o malo, nadie posee la razón respecto a un determinado punto de vista.

De hecho, la imagen de Abraham Lincoln, que cobra vida gracias a la extraordinaria labor de un Daniel Day-Lewis (Pozos de ambición) que desaparece para dar paso al personaje, se muestra con tantas luces como sombras. Padre cariñoso y marido preocupado, como presidente no duda en utilizar todo su poder a través de la compra de votos, las amenazas veladas y la dilatación de una guerra abocada al fin, para poder lograr un objetivo tan moralmente loable como inmoralmente motivado. Sí, su deseo es terminar con la esclavitud, pero sus motivos se confunden, en muchas ocasiones, con el fin más mundano de terminar con una Guerra Civil que, en el fondo, ya había terminado sin necesidad de abolir la esclavitud.

Lincoln exuda elegancia por cada rincón de sus planos. Elegancia en la puesta en escena; elegancia en los actores secundarios, entre los que habría que destacar un Tommy Lee Jones (Men in black) que tiene a su cargo algunos de los momentos más emotivos del relato. Y elegancia en su fotografía, de nuevo a cargo de Janusz Kaminski (Munich), que refleja ese contraste entre el hombre que trata de mantenerse fiel a su moral y el político que se sirve de todas las herramientas necesarias para lograr un fin mayor. El mayor acierto, y lo que al final la convierte en una gran película, es que no oculta los aspectos más dudosos de la personalidad de los protagonistas de la época. A Spielberg podría habérsele ido de las manos, pero lo cierto es que nos ofrece un drama sólido, veraz, emotivo y bello. Y eso, mal que les pese a algunos, solo lo consiguen los grandes maestros del cine.

Nota: 9/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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