‘Los miserables’: la irregularidad de una ópera muy actual


Hugh Jackman es el gran protagonista de 'Los miserables'.La trayectoria de los musicales a lo largo de la historia del cine ha sido de lo más fructífera. Ha habido fiascos, es cierto, pero también grandes clásicos que forman parte de la infancia y cultura de muchos aficionados al cine. Todos ellos tienen, sin embargo, un punto en común que los define como musical: la introducción en determinados momentos de bailes y canciones que ayudan a expresar la emoción de esa secuencia. Es por eso que acercarse a lo nuevo de Tom Hooper (El discurso del rey) como si de un musical al uso se tratara puede convertirse en el mayor error de la película. Tanto en formato como en temática, esta versión de la obra de Victor Hugo y de su adaptación a los escenarios es más bien una ópera, y como tal debe ser entendida, sin que esto suprima las carencias que tiene ni impida ver las virtudes que atesora.

Es cierto que Los miserables, versión 2012, no alcanza el nivel de la anterior película del director. El guión flaquea en numerosos momentos, principalmente ante la falta de diálogo y la constante presencia de música y líneas cantadas. Del mismo modo, el reparto peca de cierto desequilibrio en sus presencias. Sin ir más lejos, se echa en falta algo más de protagonismo para esos secundarios de lujo llamados Helena Bonham-Carter (Terminator salvation) y Sacha Baron Cohen (Borat), al igual que habría sido un acierto explotar algo más el personaje y las cuerdas vocales de Amanda Seyfried (Jennifer’s body).

Por otro lado, hay que reconocer que la planificación del director es, por momentos, poco cinematográfica, optando por una representación casi teatral en la que el espectador puede llegar a ver, si apura la mirada, la campanilla de más de un intérprete, lo que sin duda terminará por generar rechazo en más de un miembro de la platea. Sin embargo, no hay que olvidar que la película está tratada, planteada y difundida como una ópera, lo que la convierte en un experimento cinematográfico diferente en el que los actores revelan una faceta que suele pasar desapercibida. Cierto es que algunos como Hugh Jackman (X-Men), inconmensurable en cada uno de los momentos que debe cantar, o Anne Hathaway (Passengers) ya han demostrado en varias ocasiones sus dotes como cantantes, pero eso no impide que sean de lo más disfrutable del conjunto, en el que merece una mención aparte Russell Crowe (Un buen año), que va a generar tantos detractores como seguidores.

Lo que no puede negarse es la grandilocuencia de la visión del director, capaz de plasmar con su lenguaje los rencores personales que se desarrollan en un marco tan vasto como es la Francia pos Revolución Francesa. Un contexto y un desarrollo dramático, por cierto, que a pesar de los años pasados desde que se escribió la obra, parecen estar más de actualidad que nunca, ofreciendo ciertos paralelismos entre la degradación social de la época y la actual, donde la ley se hace cumplir para los más pobres pero no para los ricos, y donde una parte del pueblo intenta levantarse sin éxito contra aquellos que pretenden imponer una forma de esclavitud.

Nota: 6,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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