La religión y el fanatismo, pilares de la sangrienta 5ª T de ‘True Blood’


Stephen Moyer, en la última escena de la quinta temporada de 'True Blood'.Han pasado cinco temporadas, pero aquel primer capítulo en el que los seguidores de True Blood descubrían a una joven capaz de leer la mente que se enamoraba de un vampiro después de que estos se dieran a conocer parece muy, muy lejano. Tanto, que ahora se antoja hasta inocente. Desde entonces no solo han evolucionado los personajes principales, algunos de forma harto vertiginosa, sino que el mundo de humanos y vampiros se ha complicado hasta límites insospechados. Demonios, fantasmas, hombres lobo, hombres pantera, cambiantes, hadas, … La verdad es que pocas criaturas quedan por explorar ya en esta adaptación de las novelas de Charlaine Harris escrita por Alan Ball (American Beauty). Con todo, no es eso lo más llamativo de esta quinta temporada sino, una vez más, el trasfondo de crítica social que se realiza a través de la ciencia ficción, la violencia y la sangre, sobre todo la sangre.

En cierto modo, el desarrollo dramático de esta quinta temporada es muy coherente con lo acontecido en años anteriores. Si durante los capítulos previos se han abordado temas como la intolerancia religiosa, el racismo, la lucha de clases o, incluso, la paternidad no deseada (al modo vampírico, claro está), en estos nuevos 12 episodios tocaba afrontar tal vez uno de los aspectos sociales más polémicos de la historia: la interpretación religiosa del mundo. Y si el espectador ya conocía más o menos como funcionaba el mundo de estos muertos en vida (con sus áreas, zonas, shérifs, reyes y autoridades), ahora descubre con cierto regocijo que poseen algo que les acerca a su pasada humanidad: el conflicto religioso entre los creyentes en un ser creado a imagen y semejanza de Dios (quien, por cierto, es vampiro también), llamados “sanguinistas”, y aquellos que abogan por unificar a los seres humanos y a los chupasangre bajo un parapeto de igualdad y tolerancia.

Un conflicto, como decimos, tan humano que puede hacer pensar en estar viendo más un estudio sobre las interpretaciones tan opuestas de un mismo concepto que una serie sobre vampiros y otras criaturas sobrenaturales. Esto, claro está, ocurre solo en los instantes, pocos la verdad, en los que la sangre y la brutalidad no hacen acto de presencia. Sería injusto no reconocer a True Blood el carácter transgresor, ya desde sus impecables títulos iniciales (que tras todas estas temporadas no han cambiado), pero igual de injusto es no aceptar que esta última temporada es, de lejos, la más violenta de las cinco. Baste como ejemplo el final de la temporada, con un Bill Compton (de nuevo el taciturno Stephen Moyer) resurgiendo de un charco de sangre y dispuesto a matar a todo lo que se le ponga por delante, como podéis ver en la imagen.

Una evolución exigente

No cabe duda de que la serie protagonizada por Anna Paquin (Una historia de Brooklyn), quien en esta ocasión parece ceder algo de protagonismo en favor del desarrollo de los personajes vampíricos, está teniendo un crecimiento casi tan extraño como su propia temática. Con la aparición de nuevos personajes y de nuevas criaturas, así como con el descubrimiento de nuevos secretos, el espectador se sumerge cada vez más en un mundo incomprensible si no se accede a él con la mente total y absolutamente abierta. Los prejuicios deben quedar en otra habitación antes de ver siquiera el primer plano. De lo contrario, el producto tiende a generar algo de rechazo, tanto por su violento contenido como por los saltos narrativos entre capítulos que generan algo de confusión.

¿Cuál es el resultado de todo esto? Simplemente, la sensación de estar asistiendo a un espectáculo esperpéntico, a medio camino entre la comedia y el drama, entre el terror y el gore, que puede desenganchar a aquellos menos fieles. Esto no implica que la serie esté reduciendo su calidad, ni mucho menos. La factura técnica ha mejorado notablemente gracias a esa incorporación de nuevas criaturas. Los actores, por su parte, afrontan en esta quinta temporada unos cambios de registro realmente complejos con una naturalidad difícilmente igualable (sobre todo Moyer y Alexander Skarsgård). Y las diferentes tramas secundarias están, en general, resueltas de forma sólida. Todo ello convierte a esta, por ahora, última temporada en una digna sucesora de las anteriores entregas. Y aunque puede no llegar en su desarrollo al nivel que alcanzaron otras temporadas, su abrupto e inesperado final deja la puerta abierta a un desarrollo totalmente diferente en el que el protagonista principal, el “bueno” de la película, tiene todas las papeletas para haberse convertido en el próximo villano a derrotar, por no hablar de los cambios en personajes tan relevantes como el de Tara (Rutina Wesley), quien afronta una nueva naturaleza.

Como contrapunto a este aspecto sangriento, Alan Ball ironiza acertadamente con el aspecto religioso del conjunto, considerando a Salomé (sí, aquella que pidió la cabeza de Juan Bautista) como una antigua vampiresa, a Jesucristo como un hippie, o la visión de Dios como el efecto de ingerir una droga, en este caso sangre vampírica. Incluso pone sobre la mesa la existencia de una Biblia vampírica que alienta a los vampiros a alimentarse de forma descontrolada de los humanos. Son estos, y algunos otros aspectos, los que confieren al final ese grado humorístico que ayuda a digerir los numerosos frentes abiertos que se crean, y algunos de los cuales seguirán así en la sexta temporada.

De este modo, True Blood es, en su quinta temporada, todo un festín para los fans del fantástico en general y de la serie en concreto, pero también supone una reflexión irónica y mordaz de unos conflictos religiosos que, como se deja entrever a lo largo de sus capítulos, resulta inofensiva y hasta ridícula hasta que el fanatismo toma el control, desbocándose hacia una guerra abierta que solo trae locura y muerte. Dos conceptos, por cierto, que parecen sentar las bases de la trama de la próxima entrega.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

2 Responses to La religión y el fanatismo, pilares de la sangrienta 5ª T de ‘True Blood’

  1. maria says:

    Esta serie en mi opinión es la mejor serie de vampiros no niego que hay otras buenas pero esta es mucho mejor, para empezar al protagonista de True Blood es una mujer fuerte, situación que no siempre es así en otras series sobre naturales, además de que la historia tiene un hilo conductor bien detallado y bien vale la pena verla.

    • Muy cierto, María. La verdad es que no he visto otras series, pero sí he podido ver lo que se hace en las películas, y True Blood es un soplo de aire fresco. Es cierto que en algunos momentos puede sobrepasar el límite de los coherente dentro de sus propios marcos narrativos, pero en líneas generales mantiene una intriga y un diseño de ese mundo fantástico muy, muy buenos.

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