La primera película de… Zack Snyder: ‘Amanecer de los muertos’


Adaptar un cómic como 300 y hacerlo de una forma tan fiel como atractiva visualmente en lo que se refiere a la narrativa cinematográfica no es fácil. El film que dirigió Zack Snyder en 2006 marcó un antes y un después, algo que es más que evidente si se atiende a una serie como Spartacus. Pero antes de este éxito, y por supuesto mucho antes de que el año que viene llegue la nueva versión de Superman titulada Hombre de acero, el director debutó en el largometraje en 2004 con un film que, a priori, podría parecer menor, pero que también ha sido una más que interesante aportación al género de terror. Nos referimos al remake de Amanecer de los muertos, segunda entrega de la saga sobre zombies dirigida por George A. Romero (La noche de los muertos vivientes).

Para algunos, entre los que me encuentro, este es uno de los mejores trabajos del director de Watchmen (2009), si no el mejor. Cierto es que no cuenta con los efectismos visuales ni la digitalización que tanto ha caracterizado a sus trabajos tras las cámaras, pero todo el conjunto desprende un aroma de autenticidad y cierto clasicismo que convierte a esta propuesta sobre muertos vivientes en algo más que un mero remake. Es una película en sí misma, con una historia tan personal como autónoma que no necesita de otros títulos para tener sentido propio. Buena culpa de esto tiene su prólogo, una de las pequeñas joyas del género. En él se cuenta como la joven protagonista, enfermera en un hospital, asiste sin dar demasiada importancia a unos acontecimientos algo extraños en los que las fiebres y los mordiscos están muy presentes. A la mañana siguiente, cuando se despierta junto a su marido, la hija de sus vecinos se ha colado en su casa convertido en un monstruo hambriento de carne humana. Tras ver cómo su marido muere al ser mordido por la pequeña, la joven huye en coche en medio del caos, terminando por estrellarse contra un árbol. Cuando despierta, un rudo policía la rescata y, junto a un grupo reducido de supervivientes, se encierra en un centro comercial, que pronto es rodeado por los muertos vivientes.

Sin duda, uno de los elementos que más llama la atención desde el principio es el reparto elegido por Snyder, compuesto por rostros más o menos conocidos pero en ningún caso iconos del género (algo similar a lo ocurrido en la primera entrega zombi de Romero). Así, la principal protagonista es Sarah Polley, vista en El peso del agua (2000) o La vida secreta de las palabras (2005), mientras que el policía está interpretado por Ving Rhames (Misión imposible). Junto a ellos encontramos, entre otros, a Jake Weber (U-571), Mekhi Phifer (8 millas), Ty Burrell (serie Modern Family) o Michael Kelly (Caza a la espía). Claro que un plantel de actores de géneros tan diversos no debería de sorprender si tenemos en cuenta cuál es el alma de la película.

Lejos de lo que pueda parecer, Amanecer de los muertos no es una excusa para mostrar vísceras a granel o violencia extrema. Más bien al contrario. La plaga de zombies, al igual que ocurrió en La noche de los muertos vivientes, no es más que un recurso para impedir que un grupo dispar de personas salga de un espacio reducido, llevando al límite la confrontación de sus puntos de vista y generando todo un microcosmos en el que, de algún modo, el propio ser humano se convierte en un peligro mayor que los muertos vivientes a raíz de su egoísmo, su soberbia y una maldad innata que parece surgir en determinados momentos. La evolución de los personajes, muchos de ellos ajenos a la violencia de las armas de fuego pero en cualquier caso todos desconcertados ante una situación inimaginable, es uno de los pilares del guión de James Gunn (Slither: la plaga) y, sin duda, lo que convierte al film de Snyder en algo más que un subproducto slasher.

Un nuevo estilo visual para el desconsuelo

En cierto modo, si se compara este film con el que dio origen a todo el fenómeno zombi se encuentran muchos puntos en común que, a pesar de los años, no han pasado de moda. Es cierto que en la era actual los teléfonos móviles y el consumismo están a la orden del día (lo que aporta mayor desesperación y frustración a la situación que viven los protagonistas), pero atrasos sociales como el racismo, el uso de la violencia como recurso ante la falta de argumentos, o la ignorancia de unos individuos que se creen una posición social ya inexistente, están más de moda que nunca, y Zack Snyder los explota hasta consecuencias realmente dramáticas.

Pero esto es solo su aspecto dramático y los elementos de una trama hilada sobriamente y sin remilgos, consciente del fatalismo que rodea a unos personajes condenados casi desde el primer minuto de metraje. El otro gran descubrimiento fue el lenguaje visual de un director visionario en muchos aspectos de la imagen, y no me refiero exclusivamente a los efectos especiales o al maquillaje empleado en los muertos vivientes. Antes mencionaba el prólogo como ejemplo. A lo largo de su hora y media larga los personajes se enfrentan a situaciones angustiosas, a una huida desesperada y sin control y a dramas sociales casi más aterradores que lo que les espera fuera, pero pocos momentos más sobrecogedores existen en la película que esos primeros minutos en los que la protagonista, desconcertada y desubicada, debe huir de su propia casa en una zona residencial hacia ninguna parte con la esperanza de que ninguno de sus vecinos la mate.

La solvencia con la que mantiene el pulso narrativo y la tensión durante dichos minutos, culminados con un plano cenital inolvidable, hacen contener la respiración más de lo que es aconsejable, efecto que ayuda a la sensación de estar ante una historia lúgubre y pesimista en la que los buenos tienen pocas o ninguna posibilidad de sobrevivir, no tanto por la amenaza externa como por los villanos dentro del grupo, capaces de arrojar a sus madres a esas garras muertas con tal de sobrevivir. Pero, como decimos, no es el único caso. La huida, por ejemplo, es otro de esos momentos inolvidables de caos y confusión donde cualquier personaje puede morir, y no precisamente a manos de los zombis.

A esto cabría sumar la carga emocional con la que se nutre la historia, y que está representada sobre todo por una mujer embarazada y mordida, uno de los momentos más sorprendentes del film y un homenaje en toda regla a Braindead, tu madre se ha comido a mi perro (1992), otro clásico del género. Suele ocurrir que las nuevas versiones de títulos antiguos bastante conocidos tengan una recepción más bien negativa. No fue el caso de este Amanecer de los muertos. Y no lo fue porque el guión dirigido por Snyder abandona la idea del remake para convertirse en un producto único, propio, capaz de abordar con el terror las carencias sociales de la actualidad y mostrarlo todo con una creatividad narrativa nueva y fresca en aquel momento.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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