‘Glee’ refuerza su emotividad y dramatismo en su tercera temporada


No es el final de la serie, pero algo ha terminado en Glee con el último episodio de su tercera temporada. Y no, no es la temporada en sí, sino un elemento mucho más profundo, más emotivo y que proviene de las temporadas anteriores. La sensación que deja dicho episodio, el 22, es similar a la que se puede sentir cuando cualquier individuo comienza una etapa nueva en su vida lejos de todo y de todos a los que ha conocido. Una mezcla de nostalgia por las experiencias vividas y de inquietud por el incierto futuro. De las tres temporadas que hasta ahora se han emitido, esta es sin duda la más emotiva y dramática de todas. ¿Es eso algo negativo para un musical juvenil como este? No necesariamente.

Para aquellos que no disfruten con el musical (y para muchos que amen el género), la serie creada por Ian Brennan, Ryan Murphy (American Horror Story) y Brad Falchuck (Nip/Tuck, a golpe de bisturí) posiblemente sea uno de esos productos insufribles donde los jóvenes aprovechan cualquier momento para ponerse a cantar en un intento de hacer avanzar la trama a golpe de notas musicales. Sin embargo, si algo ha tenido desde sus inicios esta entretenida serie es su compromiso social con todos aquellos problemas que la sociedad norteamericana considera, aún hoy, tabú. Una idea que alcanza su culmen en estos últimos 22 episodios.

Y es que temas como la homosexualidad, la violencia juvenil o la violencia de género han ocupado buena parte del metraje en un intento no solo de hacer crítica social, sino de reflejar un tipo de conciencia que todavía existe no solo en Estados Unidos, sino en buena parte del mundo. Algo que, unido al uso de canciones de todas las épocas que hablan de esos mismos “temas sociales prohibidos”, no hacen sino reforzar la idea de que, aunque la sociedad en general evoluciona en una dirección, los individuos que viven en ella siguen aferrándose a una mentalidad anclada en el pasado, tal vez por miedo a un futuro que no podrán controlar.

Antes planteábamos la cuestión de si el drama puede jugar en contra de la serie. Aunque a primera vista puede parecer que sí (un musical, por definición, debe tener una trama con una carga dramática ligera), lo cierto es que tanto los creadores como los actores, marcados para siempre por estos personajes, han sabido adaptar perfectamente las situaciones a las nuevas vivencias de este grupo de inadaptados a ese microcosmos que es el instituto de Estados Unidos. Y lo hacen con una naturalidad y una convicción tal que el espectador tiene pocas ocasiones de escapar de la distracción de su metraje.

Porque sí, Glee no deja de ser una mera distracción. Aunque sea una buena serie en su apartado técnico e interpretativo (no digamos ya en el musical, donde algunas de las voces podrían perfectamente vender miles de discos), lo cierto es que sus tramas, aun ganando en emotividad, siguen sin profundizar en el drama todo lo que podrían, entre otras cosas por la necesidad de introducir temas musicales que, en definitiva, distraen de los conflictos que surgen. Puede que el ejemplo más claro sea el de Sue Sylvester, magnífico y odioso personaje interpretado por Jane Lynch (Mal ejemplo) que en esta tercera temporada pasa de hacer la vida imposible a los jóvenes artistas a ser cómplice de los mismos casi de la noche a la mañana; o la evolución errática de Quinn Fabray (Dianna Agron – Soy el número cuatro), animadora embarazada que pasa por diferentes crisis casi capítulo tras capítulo.

No cabe duda de que los números musicales obligan a reducir el espacio para desarrollar las tensiones y los conflictos. Como decimos, para muchos esto será un argumento en contra de la serie. Para otros, entre los que me incluyo, supone complicar un delicado equilibrio entre drama y música del que la serie sale reforzada, entre otras cosas gracias a los episodios especiales y la cada vez mayor complejidad de los números.

Cameos y especiales

Esta tercera temporada deja claro, casi desde su inicio, que va a ser un punto de inflexión en el devenir de la serie, la despedida de muchos personajes, la evolución de otros y la llegada de muchos nuevos. Con el fin de explotar al máximo las emociones que surgen de esos cambios hacia un futuro que cualquier persona ansía (y al mismo tiempo teme), muchos capítulos han estado cargados de mensajes musicales relacionados con las despedidas, con el futuro, con la juventud y con la pérdida.

Si en temporadas anteriores algunos episodios estaban centrados en una cantante (léase Britney Spears, por ejemplo), esta tradición se hace mucho más patente para revelarse casi como una parte fundamental de la serie. Pero no queda ahí la cosa. Días especiales como la Navidad o un cumpleaños también sirven de excusa para hacer un programa especial que permite, entre otras cosas, disipar un poco el dramatismo y el carácter lacrimógeno que, en general, posee esta última entrega. Igualmente, homenajes como el realizado a Whitney Houston o a Michael Jackson (por cierto, ambos episodios contienen algunos de los mejores números de toda la temporada, como Smooth Criminal, que podéis ver más abajo) definen otro de los elementos característicos de Glee: su actualidad respecto al día a día real.

Las sorpresas en lo que a formato se refiere no se limitan, empero, a estos especiales. El éxito de la serie, que ha puesto de moda el musical en un formato tan atípico como la producción seriada, ha dado pie a que famosos de todos los ámbitos quieran participar en la misma. Ya en la primera y en la segunda temporada hubo varios, pero en este sentido puede que la tercera vuelva a llevarse la palma. Nombres como Ricky Martin, Gloria Estefan o Jeff Goldblum hacen sus respectivos papeles a lo largo de los episodios, además de miembros de otras series de éxito como Matt Bomer (Ladrón de guante blanco).

En definitiva, esta tercera temporada de Glee supone una especie de fin de ciclo. El grupo de jóvenes cantantes que nació hace tres años se separa, y ese desasosiego se traslada en todo momento a través de los episodios. Una transición que deja un escenario completamente nuevo para que nuevos talentos tengan su oportunidad de triunfar (los últimos capítulos permiten augurar algunos de ellos) y para que los más veteranos se enfrenten a nuevos retos, nuevos conflictos y nuevas canciones.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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