‘Shangai’: Marlowe viaja a la China de la II Guerra Mundial


Muchas veces las historias más interesantes no adquieren la difusión que cabría esperar por estar planteadas desde posiciones poco ambiciosas en lo que a publicidad y distribución se refiere. Es un fenómeno que genera, por un lado, una indiferencia en la mayoría de los espectadores, pero por otro convierte a dichos títulos en obras a descubrir. En buena medida, Shangai, con sus pros y sus contras, se erige como un thriller clásico, una novela negra atractiva en el contexto que narra, en los personajes que presenta y en el sabor de su desarrollo dramático, muy cercano a los de los investigadores privados de la edad de oro hollywoodiense.

El principal escollo que encontrará la película es, precisamente, su propia naturaleza. No contiene acción a raudales, su intriga exige y merece ser atendida en todo momento, y sus personajes son muy imperfectos, tanto física como psicológicamente. Todos estos elementos juegan, como decimos, en contra de las actuales corrientes del género y de los gustos generales de la sociedad, lo que termina por convertirla en un producto menor que llega a los países internacionales con dos años de retraso. Y no deja de ser un hecho de lo más injusto, sobre todo si se compara con otros productos de género similar.

La cinta de Mikael Håfström (El fantasma del lago) rebosa atractivo en todos sus planos. La puesta en escena, así como el diseño de producción y la fotografía, trasladan al espectador a un escenario no solo realista, sino violento y convulso como la época en la que transcurre, poco antes del ataque a Pearl Harbor en la II Guerra Mundial. Gracias a una intriga que, como en todo buen cine negro, termina por ser algo totalmente diferente a lo que motiva la historia, y a sus aspectos más visuales, el film absorbe por completo al espectador.

En este sentido, todos los actores, sin excepción, completan un mosaico de intereses propios y mundanos que vuelven a los personajes cercanos y creíbles, en el que destacan por encima de todo los secundarios asiáticos, con Chow Yun-Fat (Confucio) y Ken Watanabe (Batman Begins) a la cabeza. Tal vez lo más flojo del film sea, precisamente, su protagonista, un John Cusack (1408) que recuerda mucho a los personajes de Humphrey Bogart (El halcón maltés), en ocasiones demasiado. Además, la repetitiva narración que busca incorporar un elemento poético más a la acción puede llegar a resultar irritante en algunos momentos, aunque terminan por ser males menores en un film con sabor clásico.

Nota: 7/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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