‘El legado de Bourne’: alteraciones genéticas


La trilogía original de películas basadas en el personaje de Robert Ludlum, la protagonizada por Matt Damon, estaba definida por un rechazo constante a un pasado olvidado y por la construcción de un futuro alejado de la violencia y el daño generados por un programa de espionaje sin precedentes. Era, en fin, una huída sin descanso que terminaba con un contraataque del protagonista al corazón de aquellos que buscaban su muerte por todo lo que podía desvelar. El legado que Jason Bourne deja, sin embargo, se aleja de esta idea para crear una historia tan compleja como las anteriores pero que carece del interés y la ansiedad que generaba la constante persecución a la que aquel se veía sometido.

No es que la película de Tony Gilroy, guionista habitual de la serie y director de Michael Clayton, no tenga todos los elementos para entretener. Incluso comienza con un plano similar al de la original El caso Bourne (2002). El principal problema radica en dos pilares fundamentales: la motivación de los personajes y el ritmo de la historia. En efecto, hay espectaculares persecuciones, confusas luchas que heredan algunas cosas buenas y otras malas del estilo impuesto por Paul Greengrass (El mito de Bourne) y multitud de paisajes por medio mundo. Empero, la historia principal parece ir por momentos dividida en dos fragmentos que caminan de forma paralela. Por un lado, los intentos de la Defensa norteamericana por eliminar todos los programas similares a Treadstone, al que pertenecía Bourne; por otro, el protagonista, que forma parte de uno de dichos programas, parece estar motivado únicamente en encontrar un virus que le modificará de forma permanente un cromosoma.

En este sentido, la persecución no parece tener demasiada relación con el perseguido. La impresión que genera es que la historia no va con Aaron Cross, nombre al que responde el protagonista interpretado con solvencia por Jeremy Renner (con todo, no es su mejor trabajo). Si Bourne actuaba únicamente para evitar ser capturado, aquí la captura queda como algo secundario, casi anecdótico al quedar claro que nunca se podrá lograr. De hecho, el final resulta significativo para comprender esta idea, siendo demasiado abierto a futuras continuaciones donde el nuevo protagonista, ahora sí, se tomará su consabida venganza.

Tal vez sea este el motivo por el que la cinta resulta un tanto irregular. Todo lo narrado en las aproximadamente dos horas de metraje debería haber formado parte de una historia mayor cuya duración debería ser similar, por lo que muchos fragmentos podrían haberse reducido o incluso recortado. Gilroy, quien también firma el guión, ofrece una trama con demasiados saltos entre la acción y los diálogos, siendo esta demasiado larga para lo corta que es aquella. En el fondo, todas las explicaciones y las persecuciones quedan en nada al no poseer una conclusión que ate los cabos necesarios, lo que acaba dejando un sabor de boca extraño. La conclusión, aunque pueda parecer evidente, es que no es Jason Bourne, ni en el fondo ni en la forma.

Nota: 6,5/10

Anuncios

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Diccineario

Cine y palabras

A %d blogueros les gusta esto: