‘Silencio de hielo’: la justicia es ciega, la injusticia… muda


Hay películas que terminan dejando una sensación de desahogo, de ira ante una situación injusta que tiene fácil solución. La segunda película del suizo Baran bo Odar camina irremediablemente por este sendero en una trama que provoca a cada paso al espectador, que pone a prueba la paciencia de los personajes y que insufla de tensión incluso situaciones que, a priori, podrían no tener mayor relevancia.

Lo cierto es que el film, a pesar de su aspecto sencillo y lineal (que lo es), se compone de numerosos elementos que conforman un paisaje casi desolador, un mundo en el que las niñas no pueden tener independencia ante la posibilidad de que un coche rojo se las lleve para tirarlas a un lago. En este sentido, se podría decir que es casi un cuento macabro con moraleja. Lo interesante surge cuando se analiza desde el punto de vista de los criminales, auténticos protagonistas de la historia y que tienen a la policía como comparsas en un baile que solo ellos entienden.

La tortuosa y viciada relación entre los dos criminales a lo largo de más de 20 años es lo que da vida al arco narrativo. Sus especiales gustos en cuestión de sexo, unidos al secreto del asesinato cometido en los años de juventud, provocan reacciones muy dispares, pero incluso en este ámbito existe la injusticia, otro de los temas principales que subyacen en el relato. Mientras que uno se repugna y odia por lo ocurrido, el otro parece aceptarse tal y como es, haciendo todo lo posible por volver a compartir sus gustos.

Pero lo que golpea definitivamente la moral del espectador es su final, tan realista como desolador. Gracias a la ineptitud de la policía (reflejada en un jefe exageradamente inútil) y a las ansias por resolver los crímenes, ninguno de los dos criminales es capturado en un sentido estricto, aunque la acusación termina cayendo solamente sobre uno de ellos. Un relato sobrio, muy tenso (sobre todo gracias a la música de Michael Kamm y Kris Steininger), que encuentra su mayor debilidad en un cuerpo de policía bastante incoherente, y que puede ser lo que más chirríe de todo el film.

Nota: 6,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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