Ridley Scott renueva el terror y el suspense espacial con ‘Alien’


En los primeros minutos de Alien, el octavo pasajero (1979) se habla de un personaje misterioso, un “jinete espacial” en una nave. Sin embargo, ahí acaba todo para abrir la puerta a una de las sagas más influyentes de la ciencia ficción. El director de aquella primera entrega, Ridley Scott, asegura que vuelve a este universo para contar, precisamente, la historia de ese personaje en Prometheus, cuyo estreno será este fin de semana y de la cual ya ofrecimos el trailer junto a un repaso rápido de las diferencias y similitudes entre las películas. Pero el mundo de Alien es demasiado rico como para quedarse en un mero análisis general.

Sin duda, esta especie de precuela que dirige Scott contará con muchos más medios de los que tuvo hace más de 20 años en el que fue su segundo largometraje. Y puede que ese sea, para muchos, un importante talón de Aquiles. Porque si algo define al clásico protagonizado por Sigourney Weaver (Avatar) es su sencillez y la imaginación y originalidad que desprende su puesta en escena para paliar un ajustado presupuesto. Puesta en escena, por cierto, que todavía hoy se analiza como uno de los mejores ejemplos de trama de suspense más que de terror.

Suele decirse que la falta de medios obliga a exprimir al máximo la imaginación. En el caso de Alien es totalmente cierto. A excepción de las primeras secuencias, cuando un equipo minero llega junto a la nave que ha emitido una extraña señal e investiga lo sucedido, el resto del metraje transcurre en decorados casi minimalistas, elaborados al detalle pero ocultados por las sombras que caracterizan a esta primera película. En cierto modo, el director huye de grandilocuencias, de impactantes secuencias donde actores y decorados enormes interactúen para conformar una batalla sin igual. Y tanto da si es por necesidades presupuestarias o por la visión previa del director. Lo realmente interesante es el resultado final, una cinta que, aunque enmarcada en el terror espacial, se mueve más por el terreno de la intriga y la supervivencia.

Y este es el mayor acierto de un guión, por otro lado, brillante en su definición de los personajes y el desarrollo de la tensión dramática hasta su clímax final. Cierto es que la época se halla muy lejana de los actuales tiempos digitales, pero ya desde el libreto queda patente que los efectos especiales, los maquillajes y los animatronics están al servicio de la historia, y no al revés, como sucede en las últimas entregas. De hecho, la criatura a la que deben enfrentarse termina por ser un elemento casi circunstancial. Habría dado lo mismo que fuera un extraterrestre, una bomba de neutrones o la locura de alguno de los tripulantes.

El hecho de acentuar ante todo el componente psicológico y de suspense hacen que el espectador se interese, ante todo, por el devenir de los personajes, por sus motivaciones comunes y encontradas y por las intenciones ocultas de algunos de ellos, dispuestos a dejar morir a sus compañeros por cumplir una misión.

Partes de monstruos y actores completos

Esto no impide, sin embargo, que Alien pueda ser disfrutada como un espectáculo espacial con su criatura incluida. En la actualidad, donde la figura de Alien está ampliamente extendida, sorprende poco, por no decir nada, el proceso natural del monstruo (larva que se engancha a la cara, cría que surge del cuerpo, crecimiento hasta la edad adulta), por lo que es necesaria un poco de perspectiva histórica para entender su impacto social. Hasta su estreno, la mayoría de cintas con alienígenas los presentaban como seres que trataban de conquistar la Tierra. Podían tener mil formas, pero siempre se mostraban como una raza ajena a nosotros.

La película del director de Black rain (1989) rompe con todos los cánones habidos y por haber. Gracias al guión de Dan O’Bannon (asesinos cibernéticos), la historia presenta a una raza que necesita a los seres humanos para sobrevivir. El devenir de ambas razas, por tanto, está íntimamente relacionado… aunque dicha relación sea de extremada violencia para nosotros. Y aunque habría sido una buena oportunidad para mostrar en todo su esplendor a una nueva amenaza para los humanos, Scott opta por no mostrar del todo a la criatura. Sí, su cabeza se ve; sí, se sabe que tiene cola; incluso se puede, más o menos, calcular su altura. Pero nunca se llega a ver la figura completa, lo que a la postre genera más ansiedad y angustia en la atmósfera.

De hecho, la combinación entre el ambiente creado por la iluminación (impresionante trabajo de Derek Vanlint) y los decorados, y la presencia de una criatura que nunca se deja ver del todo, que se mueve entre las sombras y elimina uno a uno a los tripulantes de la nave, convierten a este clásico en un título único, muy distanciado del resto de sus secuelas. En realidad, este Alien es el único capaz de considerarse puramente terrorífico, absolutamente intrigante y atmosféricamente atractivo.

Antes mencionábamos que fue la segunda película de Ridley Scott, y puede que fuera esa frescura y falta de sentido del riesgo lo que aporte a este film buena parte de su alma. Sin embargo, no fue el único “novato” en el que confiaron los responsables. El papel protagonista se puso en manos de una muy primeriza Weaver, quien apenas tenía un par de títulos a sus espaldas (uno de ellos, Annie Hall de Woody Allen). La jugada fue perfecta. La actriz de Armas de mujer (1988) hace suyo un personaje complejo, hecho a sí mismo en un mundo de hombres y que intenta sobrevivir más que ayudar a sus compañeros. Un personaje, por cierto, que evoluciona extremadamente bien a lo largo de todo el metraje en una búsqueda de la explicación necesaria para unir todas las piezas de un puzzle que no comprende pero que intuye.

La fuerza que la actriz le imprimió a su personaje eclipsó al resto del reparto, y eso que no eran nombres desconocidos. Tom Skerritt (Top Gun), John Hurt (Melancolía), Harry Dean Stanton (La milla verde) o Veronica Cartwright (Los pájaros) son algunos de los actores que sufren el ataque del alienígena y que conforman un mosaico de personalidades, de decisiones confrontadas y de intentos de supervivencia único. Y aunque el monstruo de turno sea la amenaza más clara del film, el verdadero enemigo de la protagonista es el personaje interpretado por Ian Holm (El quinto elemento).

La labor de Holm, sutil y serpenteante como pocas, convierte al personaje en un auténtico paria al final de la película. Si al Alien se le teme, a él se le termina odiando. Su falta de humanidad, su obsesión por cumplir con una misión ajena al resto del grupo y sus intenciones de eliminar a quien se le ponga por delante calan igual o más hondo en el imaginario colectivo que el resto de elementos, hasta el punto de incluir personajes de cualidades similares en el resto de entregas, incluyendo la inminente Prometheus.

Alien es, en general, una de las mejores películas de ciencia ficción y de terror, y desde luego uno de los mejores trabajos de Ridley Scott, a medio camino entre el suspense y el cine más violento, con secuencias impactantes alternadas con atmosféricas investigaciones. Con un acabado impecable, todos sus elementos se unen para conformar una historia única hasta entonces (y me atrevería a decir que aún hoy sigue siéndolo) que modificó la forma de entender el terror espacial y el universo de los alienígenas.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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