‘Elefante blanco’: diferencias religiosas de los curas obreros


El cine ha tratado en muchas ocasiones esa diferencia tan abismal que existe entre la cúpula eclesiástica y los párrocos de barrios marginales acerca de lo que debería ser el cristianismo. La nueva película de Ricardo Darín (Nueve reinas) ofrece una nueva visión sobre este tema, en esta ocasión con el tema de las drogas y la lucha de un pequeño grupo de curas que intentan por todos los medios sacar a los jóvenes de ese peligroso mundo.

Sin duda, lo que más llama la atención del film escrito y dirigido con mano firme por Pablo Trapero (Nacido y criado) es la complejidad de unos personajes marcados por las dudas en su propia religión, por las dificultades burocráticas y por un entorno difícil donde la muerte, la violencia y los disturbios están a la orden del día. Si bien la historia puede resultar conocida (cambiando escenarios, problemáticas y personajes, es idéntica a muchas otras producciones de carácter social), ésta se enriquece gracias a la labor de los actores, que engrandecen unos personajes ya de por sí muy interesantes.

Aunque Darín siempre es un seguro interpretativo (este no es, con todo, su mejor trabajo), es Jérémie Renier (El pacto de los lobos) el que muestra una mayor implicación en su personaje, de lejos el más interesante de todos. Obsesionado con la culpa por no haber salvado a unas personas de una matanza, sus actos evidencian un intento por subsanar ese sentimiento, poniendo en peligro no solo su vida, sino la de los que le rodean, y viéndose inmerso en varias trifurcas por actuar en varias ocasiones guiado únicamente por sus emociones.

Todo ello queda narrado de forma realmente extraordinaria por Trapero, que opta por el silencio y los largos planos secuencia para narrar de la forma más íntima posible esta historia de sentimientos, dudas y culpas. En la memoria queda esa especie de introducción donde todo se explica con la mirada y la composición de los planos, o un par de planos en los que la cámara sigue a los personajes a través de las callejuelas de la barriada, logrando convertir en poesía narrativa algo tan brutal como un asalto de las fuerzas armadas.

No es que sea una gran película, pero sí merece especial atención por el contenido social de la misma. Empero, el final termina resultando algo forzado, tal vez por la necesidad de hacer relevante a uno de los personajes más allá de su labor en la zona. Empaña un poco el resto del relato y la labor del director a lo largo del mismo, aunque no impide disfrutar del resto del metraje.

Nota: 6,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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