‘El enigma del cuervo’: Poe busca nuevos referentes


James McTeigue, con apenas cuatro películas como director a sus espaldas, forma parte de esa hornada de directores nacidos al amparo del estilo visual de Matrix (1999), película de la que fue director de segunda unidad y cuyos directores, los hermanos Wachowski, son sus amigos y, según las malas lenguas, directores en la sombre de títulos como V de Vendetta (2005). Por eso existía un cierto interés en comprobar qué era capaz de hacer en “su primer vuelo en solitario”. Aunque el resultado final no es malo, sí se nota una cierta falta de autoría formal, recurriendo a ideas, formatos y tramas que recuerdan en demasiadas ocasiones a otros films como Sherlock Holmes (2009), con la que guarda más de un parecido estético en escenarios y vestuario.

No es esta, como digo, la única referencia. Seven, la serie Castle o incluso la propia V de Vendetta dejan patente su importancia para el director y los guionistas en esta suerte de thriller policíaco que mezcla con cierta coherencia unos momentos bastante sangrientos gracias a una puesta en escena de los crímenes de Edgar Allan Poe realmente impactante. Y al igual que la serie antes mencionada, es el escritor el encargado de resolver el puzzle criminal antes de que un asesino que viste casi de forma idéntica al protagonista del primer título del director se cobre una víctima relacionada emocionalmente con el famoso escritor.

Pero si la cinta no aporta novedades ni formales ni narrativas, ¿dónde puede encontrarse el atractivo del producto? Bueno, para los seguidores del autor del poema El cuervo, en poder ver en pantalla los crímenes que tantas veces han leído. La fuerza de algunos de ellos y el componente gore que tiene, por ejemplo, El pozo y el péndulo, son dignos de cualquier cinta de asesinos en serie que se presente actualmente. Igualmente, la cinta mezcla elementos reales de la biografía del estadounidense con teorías ficticias sobre sus últimos días con vida, por lo que al final se convierte en un doble juego: comprobar la pericia de los guionistas para mezclar ficción y realidad, y descubrir antes que nadie quién es el asesino.

Como no podía ser de otro modo, el peso del relato recae en John Cusack, actor poco reconocido a pesar de su talento que se mete en la piel de un personaje complejo emocionalmente en el mundo real pero que aquí queda diluido en favor de la intriga y ese whodunit que se resuelve de forma algo floja. Y es que, al igual que ocurre con el personaje de Conan Doyle en la película de Guy Ritchie (Lock & Stock), es el carisma del actor protagonista, que hace lo que puede con un personaje mutilado emocionalmente en el texto original, lo que da vida al conjunto, que perdería buena parte de su interés sin su presencia.

Y digo lo de que hace lo que puede porque se pasa prácticamente corriendo todo el metraje, siguiendo pistas como el sabueso Holmes en pos de descubrir a un asesino y dejando de lado el atormentado estado de ánimo que evidenció toda su vida. Y aun así, ese carácter tortuoso parece sobrevolar todo el relato gracias a una presencia soberbia y oscura, egocéntrica y romántica que impone Cusack. Lástima que el recorrido regular que mantiene la historia se torne en inverosímil hacia el final de la misma por unas incoherencias que no desvelaremos para no estropear el final, pero que dejan un amargo sabor de boca.

Nota: 5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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