Hans Zimmer revoluciona la música del peplum con la banda sonora de ‘Gladiator’


El cambio de siglo en la realización audiovisual vino marcado principalmente por el estreno de Matrix, cinta que ha supuesto un antes y un después en el uso de los efectos digitales. Pero el siglo XXI también alumbró un fenómeno que marcó a diversos realizadores y productores, y que permitió revitalizar un género que se daba por muerto. Sin duda, Gladiator (2000) merece numerosos análisis desde diferentes puntos de vista, pero en esta ocasión centramos la atención en su elemento musical, tan importante o más como el ritmo, la estructura narrativa o los homenajes a diferentes films históricos que contiene esta película de Ridley Scott (Blade Runner).

Compuesta por Hans Zimmer, la banda sonora de este peplum moderno y, en cierto sentido, ya clásico, rompió con los cánones que hasta entonces se entendía debían tener este tipo de producciones. Si bien está centrada en la acción, el drama y la venganza, la película protagonizada por Russell Crowe (Los próximos tres días) presenta un importante y arraigado componente poético y romántico que, más allá de una fotografía conscientemente gris y pálida y de unos magistrales decorados a medio camino entre lo físico y lo digital, viene definido por la música.

Música, por cierto, que no sería lo mismo sin la mágica voz de Lisa Gerrard, auténtico descubrimiento de una banda sonora que descoloca casi tanto como hipnotiza. En efecto, el uso del lirismo y las ritmos pausados en momentos tan importantes como las batallas, los combates en la arena o las conspiraciones suponen un cambio radical en el tradicional ritmo frenético, metálico y grave de las secuencias de acción, pero al mismo tiempo ofrecen una visión imprescindible de lo que realmente acontece frente a nuestros ojos, y que no es otra cosa que el carácter del protagonista.

Aunque la música se utiliza en secuencias donde no aparece Crowe, la labor de Zimmer y Gerrard es clara y concisa. Toda la historia está vista a través de los ojos de un hombre sencillo, humilde y alejado de la pompa romana, cuyo único objetivo es servir a Roma para poder vivir una vida tranquila junto a su familia. En este sentido, el relato queda irremediablemente marcado por una carga emocional que dirige las acciones del protagonista, y que determinan todo su periplo hasta el aciago final, que por otro lado no es sino la conclusión que más desea, y que vuelve a quedar patente gracias a ese tema tan magistral titulado ‘Now we are free.

Influencia romana

El lirismo, sin embargo, también deja espacio para los momentos más brutales, en los que la acción, la sangre y el sadismo adquieren protagonismo. Así, algunas composiciones como ‘The battle’ combinan perfectamente los instrumentos de cuerda como los violines o las arpas (junto con las percusiones más suaves) con instrumentos más agresivos como los tambores o las trompetas, cuyo uso se mezcla con el choque de metal para dar un mayor efecto de dramatismo y tensión en plena batalla. Una épica que no es ajena a las influencias más clásicas y que obliga a recordar en todo momento que estamos ante un producto único, ante una historia contada mil y una veces pero desde un nuevo punto de vista.

Y como si de una repetición de la historia se tratase, esta “película de romanos” marcó un antes y un después en la forma de entender el peplum. Las cintas que la siguieron, como Alejandro Magno (2004), 300 (2006) o la propia El reino de los cielos (2005), también de Ridley Scott, repiten los patrones como si de buenos alumnos se tratara. Patrones como los ritmos militares para los combates, o el ya mencionado lirismo para los momentos más dramáticos de los guiones.

Por supuesto, todas incluyen los cambios necesarios para adaptar la estrategia al carácter de cada producto, pero en cualquier caso el uso de los instrumentos denominados “mágicos” otorgan ese carácter elevado y psicológico a unos protagonistas marcados por un destino que no han elegido, conscientes de cuál va a ser su final y cuyo único objetivo es regresar a sus hogares. Y todo combinado, como ya hemos mencionado, con las composiciones más tradicionales, aquellas ya conocidas capaces de ensalzar el valor de una batalla o de una lucha cuerpo a cuerpo a través del uso de percusión y viento metal.

Gladiator, por tanto, dio pie a una nueva forma de entender el peplum gracias a un estilo personal y único que, aunque inspirador, nunca ha sido capaz de ser repetido. Claro que de poco o nada serviría la música si el resto de elementos no fueran en consonancia. Pero ese análisis será en otra ocasión. A continuación, algunos de los temas de los que hemos hablado.

Now we are free

The battle

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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