‘Sombras tenebrosas’: monstruos sin corazón


Las películas de terror siempre suelen estar aderezadas con elementos cómicos que liberan algo del drama y la tensión que generan la intriga y las situaciones tétricas que nutren sus tramas. En un alarde por ir más allá, muchas de ellas tratan de combinar más elementos, dando como resultado una amalgama de tramas que no llevan a ninguna parte. En cierto modo, eso mismo le ocurre a lo nuevo de Tim Burton (Sleepy Hollow), que a pesar de la magnífica factura técnica que presenta posee un problema similar al de su protagonista: el corazón no late.

Uno de los motivos es, sin duda, su incompleto guión, una arteria principal que se encuentra atrofiada por las numerosas historias iniciadas, mal desarrolladas y concluidas con poca convicción. Lo que comienza como una historia trágica al más puro estilo tradicional (un amor no correspondido, la venganza, la maldición, …) pronto da paso a un drama familiar, a una feroz lucha empresarial y a la conclusión de la historia de amor. Y aunque todo ello debería enriquecer el film, lo cierto es que termina jugando en su contra, debilitando cada vez más el latido que generan otros puntos fuertes del producto.

Dichos elementos, además del diseño de producción o la música, tienen como elemento principal a los actores, todos ellos a un alto nivel a pesar de unos personajes que, por momentos, vagan por la pantalla como almas sin rumbo. Destaca por encima de todos un Johnny Depp que insufla vida clásica a un vampiro, maquillado con claras referencias al Nosferatu de F. W. Murnau y con unos movimientos de manos muy del gusto de Bela Lugosi. Igualmente, el carácter fuerte y luchador de Michelle Pfeiffer aporta un anclaje a todas las tramas que, muy a su pesar, no logra unirlas como debería. Desunión que, más allá de un guión que aburre en algunos momentos, es responsabilidad del director, que no aporta la visión que sí tenían, por ejemplo, Bitelchús, Eduardo ManostijerasBig Fish.

En el fondo, Sombras tenebrosas es un quiero y no puedo, un intento de trasladar a las audiencias modernas un clásico de la televisión de los años 60 que se plantea como homenaje a esa y otras aproximaciones al vampirismo. El problema es que no es una película de vampiros; no es un drama de una familia disfuncional; tampoco la historia del amor perdido; ni siquiera de una venganza. Es un poco de todas. El combinado, empero, no tiene buen sabor, como si los ingredientes ocuparan estratos separados, probando uno a uno pero nunca todos juntos. Una lástima, porque podría haber dado mucho más de sí.

Nota: 5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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