Christopher Nolan, o la revolución del suspense y del thriller


Hay pocos directores que, con menos de una decena de títulos en su filmografía, generen tanta expectación con cada nuevo trabajo como Christopher Nolan. Sus proyectos, a la par interesantes y originales, son objeto de rumores, portadas y estudios en todos los medios especializados, en los foros y en las redes sociales. Y como decimos, ni siquiera tiene 10 películas en su haber. Lo último, como es bien sabido, es la tercera parte de su trilogía sobre el personaje de DC, Batman, titulada The Dark Knight Rises, de la que incluimos el último trailer a continuación. Sin embargo, su trayectoria le ha permitido crearse un nombre que siempre estará ligado a una forma revolucionaria en los visual y en lo narrativo de los clásicos elementos del suspense y del thriller policíaco.

Colaborando en muchos de sus éxitos con su hermano Jonathan Nolan (creador de la serie Person of Interest), la filmografía del director ha estado marcada desde sus inicios por una tendencia, casi una obsesión, a contar las historias de forma poco convencional. El verdadero reconocimiento, de hecho, le llegó con un título que se convirtió en un clásico casi instantáneo: Memento (2000). Este relato sobre un hombre que busca desesperadamente al asesino de su mujer mientras lucha con sus propios demonios en forma de pérdida continua de la memoria a corto plazo fue toda una sorpresa, y aún hoy las nuevas generaciones se encuentran ante un producto que merece no solo un estudio, sino varias revisiones casi secuencia a secuencia.

Si Quentin Tarantino es considerado como un maestro en la destrucción de la cronología temporal habitual en cualquier film, Memento supone un auténtico examen para la comprensión del espectador, que debe atender en todo momento a detalles, tatuajes y conversaciones para saber qué momento se encuentra delante o detrás de alguno visto anteriormente. Un film tan complejo como hipnótico que se convierte en un éxito a todos los niveles, brindando interpretaciones únicas en un contexto tan irreal como dramático y contundente.

Pero si bien el gran público le ha conocido por Batman BeginsThe Dark Knight y la tercera entrega que se estrena el 20 de julio de 2012, el resto de títulos que componen su impresionante carrera no son menos arriesgados y ambiciosos. En 2002 estrenaba la que, posiblemente, sea su obra menos conocida, Insomnio, protagonizada por Al Pacino (Esencia de mujer), Robin Williams (Good morning, Vietnam) y Hillary Swank (Boys don’t cry). Y al igual que el resto de su trabajo, esta historia centrada en la investigación policial del asesinato de una joven tiene más bien poco de usual; el componente más dramático de la trama viene en forma de paisaje o, mejor dicho, de condicionante externo, pues el asesinato se produce en un pueblo de Alaska donde el sol no se pone durante varios meses, lo que dificulta la investigación policial. Si bien en este caso el montaje obedece más a los cánones establecidos, Nolan aprovecha para poner en práctica algunas de las técnicas que ya utilizará en sus películas posteriores, y que pasan por la distracción del espectador para ofrecerle un resultado final de lo más sorprendente.

Algo que alcanzó el nivel de trama en El truco final (El prestigio) (2006), donde Hugh Jackman (X-Men Orígenes: Lobezno) y Christian Bale (El maquinista) se meten en la piel de dos magos que compiten por convertirse en el más famoso gracias a un truco que jamás se ha hecho. Con una factura técnica bella y sobria, el director compone una obra sobre la envidia, el poder y el reconocimiento que introduce elementos fantásticos para, precisamente, evitar que el espectador pueda comprender lo que en realidad ocurre, y que no es otra cosa que un engaño visual, el truco final de magia.

Con todo, puede que su obra más impactante hasta la fecha sea Origen (2010), una historia de ladrones con Leonardo DiCaprio (La playa) como protagonista que, como no podía ser de otro modo, evita los caminos tradicionales para ofrecer todo un mundo tan fantástico como real a través de una banda de ladrones cuyo campo de trabajo son los sueños. Y como ya hemos dicho, ese carácter atípico en la narrativa se deja ver no solo en secuencias como el tramo final, donde se alternan hasta tres espacios diferentes con tres desarrollos temporales distintos, sino en ese plano final que ha levantado más de una polémica, dejando en el aire la idea de que el director vuelve a presentar un efecto visual para mostrar algo que no es.

La superación del cómic

Aunque, desde luego, lo que más reconocimiento le ha aportado dentro de la industria ha sido su trilogía sobre el hombre murciélago, una franquicia que había dejado atrás, muy atrás, los buenos tiempos de Tim Burton para convertirse en una parodia de sí mismo, en un producto discotequero donde el colorido, la burla y la falta de seriedad habían controlado a personajes y decorados. Sin embargo, Nolan logró algo mucho más difícil que devolver a un personaje al lugar que le corresponde: hizo que el cine de superhéroes fuera considerado como una obra seria y, casi, como una obra ajena a su origen en las viñetas.

Con un tono oscuro, frío y espectacularmente distante, el director convirtió al personaje en una figura auténticamente trágica, incapaz de superar sus propios demonios a pesar de su constante lucha contra unos villanos que, por otro lado, abandonan los vestuarios chillones y las mallas ajustadas para mostrarse como lo que realmente son: personajes sin rastro de humanidad capaces únicamente de satisfacer su propio ego, aunque para eso tengan que destruir toda una ciudad.

Ni qué decir tiene que la segunda entrega, The Dark Knight (2008) no solo ofreció uno de los mejores espectáculos de la gran pantalla en los últimos años, sino que consiguió algo tan increíble como complicado: que un actor borrase de la memoria por un instante el trabajo de otro. El Joker de Heath Ledger (Destino de caballero) se revela como un auténtico maníaco, un psicópata capaz de asesinar a su propia gente para quedarse con un botín, de tirar abajo un hospital e, incluso, de mostrar un lado casi masoquista en un interrogatorio. Un villano que ha supuesto uno de los pocos Oscar fuera de las categorías técnicas para estas películas, y que unido a la magnífica estructura de un guión que evita casi constantemente su origen, convierten al film en una auténtica obra de culto.

Ahora, The Dark Knight Rises se enfrenta a la difícil tarea de, al menos, igualar a su predecesora, aunque a tenor de las imágenes que se han mostrado ya todo apunta a que este cierre de ciclo estará a la altura. ¿Quién dijo que segundas partes nunca fueron buenas?

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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