‘Superman’, un superhéroe emocionalmente comprometido


Uno de los sueños más comunes en el ser humano es poder volar sin la ayuda de artilugios o aparatos. Por eso, cuando en 1978 Superman llegó a las pantallas de todo el mundo, su frase promocional era clara y directa: “Creerá que un hombre puede volar”. Pasados más de 30 años, con unas tecnologías de última generación y poco novedoso por ver en una pantalla, la historia de aquella película, así como sus efectos especiales ganadores de un Oscar, siguen hipnotizando a los espectadores y cada nueva generación que se acerca a su mito. Y eso, claro está, no depende solo de que un hombre vuele con una capa roja.

La cinta, dirigida por el maestro Richard Donner (Arma letal), encuentra su fortaleza básicamente en un guión hilado a la perfección que, además, tiene su continuación en la segunda entrega también protagonizada por el malogrado Christopher Reeve, rostro único y verdadero del superhéroe perfecto (por mucho que otros hayan querido emularle, el carisma que desprende es incomparable). Una historia que, lejos de resultar tediosa o excesivamente abandonada a un abuso de los efectos especiales, apuesta más por el lado humano de este superhombre que, en realidad, es un alienígena. Un lado humano que aparece bajo la forma de Clark Kent, alter ego de Superman, y viceversa.

Puede que fuera por un presupuesto ajustado o por una necesidad de evitar hacer el ridículo por el abuso de efectos, lo cierto es que la presencia de Superman, que sobrevuela toda la película, es limitada a unos pocos momentos, la mayoría concentrados en el tramo final. Esto permite a Donner abordar con mucha más naturalidad el proceso de creación del superhéroe, y permitir una comprensión más profunda del lado humano de este hombre regido por la verdad y la justicia. Y es esto también lo que, en cierto modo, hace creíble que un hombre, sin más poder que su inteligencia para el crimen, sea capaz de poner en jaque a un ser prácticamente invulnerable (salvo la consabida kriptonita).

Pero si de algo puede enorgullecerse el film es del reparto, convertido en todo un acontecimiento ya en aquel momento. A la presencia de un por entonces desconocido Reeve se suma la de Gene Hackman (A la caza del Octubre Rojo) como Lex Luthor, el archivillano; Margot Kidder (La última señal) como Lois Lane, reportera y amor de Superman; Marlon Brando (El padrino) como el padre biológico del superhéroe; y Glenn Ford (Gilda) como su padre terrestre. Eso por no mencionar secundarios como Ned Beatty (La guerra de Charlie Wilson) como la mano derecha de Luthor, y Terence Stamp (Destino oculto) como el general Zod, cuya presencia es meramente testimonial (en la segunda entrega se convierte en el villano).

El hombre perfectamente imperfecto

Con todo, uno de los elementos más interesantes de la película, y lo que aporta un auténtico sentido a la historia, es la “flaqueza” del protagonista. En efecto, en varios momentos se menciona que Superman no debe involucrarse en el destino de las personas. Y en casi otros tantos desobedece la advertencia. Una actitud que, más allá de suponer un conflicto interno o una sorpresa en la trama, se revela como un componente emocional de gran calado que permite la identificación con el héroe y, al mismo tiempo, una comprensión de su propia dimensión en la que, a pesar de sus fantásticos poderes, es incapaz de impedir la muerte de la mujer a la que ama.

Evidentemente, dichos sentimientos pasan por el componente amoroso, que lleva al hombre de acero no solo a involucrarse con el destino de los individuos, sino a modificar el espacio-tiempo para salvar a la persona que ama y con la que sabe que no podrá compartir un futuro, al menos uno inmediato. Es en este sentido en el que la cinta muestra su gran baza. El carácter de Superman viene marcado por dos sentimientos tan encontrados y al mismo tiempo tan relacionados como el amor y el dolor.

La capacidad de sentir, de manifestar emociones a través de unos actos tan desesperados como retroceder en el tiempo, es lo que hace a este personaje uno de los más interesantes de la historia del cine, y puso las bases para todo lo que llegaría después, incluyendo las más recientes adaptaciones de cómic. Unas supieron manejar ese equilibrio entre la emoción y el carácter superheróico; otras, simplemente, fueron una excusa para lucir al actor de turno o para evidenciar la evolución de los efectos especiales.

Nada de eso importa realmente. Superman fue, es y será el modelo a seguir para todo aquel que quiera mostrar a un superhéroe en pantalla. Su influencia ha sido tan honda que numerosos planos se han homenajeado en otras adaptaciones (como la apertura de la camisa para dejar ver el logo en Spider-man). Por no hablar de la banda sonora a cargo de John Williams, un auténtico himno que define al personaje casi más que su atuendo azul y rojo. Y eso no lo consiguen muchas películas. Sean del tipo que sean.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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