‘Thor’, descompensada muestra de egocentrismo infantil


Los personajes que protagonizan las aventuras de Marvel tienen una cosa en común más allá de los superpoderes o las mallas. Sus historias, sus buenos y malos momentos, están muy arraigados en la realidad cotidiana de la sociedad. Esa fue una de las pautas que instauró el gran cerebro de la editorial, Stan Lee, y es lo que le ha dado buena parte de su fuerza entre los seguidores. Bajo este prisma, no es descabellado que los equipos creativos se fijaran en la mitología y los dioses a los que la Humanidad ha adorado a lo largo de la historia para incluirlos en sus historias. De entre ellos, el más importante es Thor, dios del trueno en la mitología nórdica, hijo de Odín y futuro rey de Asgard, la ciudad de los dioses.

Pero la historia, cómo no, tuvo que ser adaptada para las viñetas y, consecuentemente, para la película, que resulta muy similar a las tramas urdidas en las páginas de los cómics. Basándose en los caracteres de los personajes, transmitidos a lo largo de generaciones, la cinta muestra una historia harto conocida: la de un hijo castigado por su padre al demostrar una vanidad y soberbia que ponen en peligro su futuro. Claro que, como tiene que ser a lo grande, dicho castigo es un destierro a otro reino, en este caso La Tierra. En efecto, en la versión fílmica Asgard no es más que uno de los muchos reinos que existen, por lo que sus habitantes no son exactamente dioses (al menos ellos no se consideran así).

A pesar de que la trama, con traiciones familiares, espectaculares decorados y secuencias de acción impactantes, tiene un potencial interesante, Thor (2011) no termina de convencer una vez vistos los créditos finales (y su consecuente escena “oculta”). Y eso que cuenta con unos nombres sobre el papel que quitan el hipo. Kenneth Branagh (Mi semana con Marilyn), actor y director de reputado prestigio especializado en Shakespeare, se pone a los mandos de la propuesta. Chris Hemsworth (Una escapada perfecta) interpreta al protagonista, mientras que Anthony Hopkins (El dragón rojo) interpreta a Odín. La protagonista femenina recae en Natalie Portman (Cisne negro), y el resto del reparto son caras más o menos conocidas: Stellan Skarsgård (Mamma mía!), Tom Hiddleston (War Horse), Idris Elba (Los perdedores), Ray Stevenson (El rey Arturo) y Rene Russo (Arma Letal 3) son algunos de los actores que se pasean por las secuencias.

Entonces, si existe una buena historia, unos buenos actores y un director con conocimiento de causa, ¿qué ocurrió? Lo cierto es que la historia, en definitiva, no es tan buena. O, por lo menos, no está tan bien contada como cabría esperar. Con un comienzo prometedor en el que Thor desafía a su padre y acude a un reino helado para luchar junto a sus amigos (en una de las escenas más espectaculares y absorbentes del último cine de acción), la historia pronto pasa a ser una búsqueda de la verdadera identidad, del perdón a través de un acto heroico, y de la lucha entre el bien y el mal encarnado en dos hermanos al más puro estilo bíblico.

Da la sensación de que toda la espectacularidad pasa a concentrarse al comienzo y al final del metraje, dejando la mayor parte para diálogos (algunos con poco o ningún sentido de la oportunidad) y a una serie de pruebas que el protagonista, con el que apenas hay tiempo de identificarse, debe superar. No es este un elemento banal, pues un personaje tan egocéntrico como infantil que es capaz de arriesgar la vida de sus amigos por tratar de ser más que los demás genera pocas simpatías por mucho que luego se le vea derrotado e, incluso, ridiculizado.

Loki, el gran villano

Sea como fuere, la cinta cuenta con algunos elementos que han dejado huella y que, a buen seguro, se mantendrán en la segunda parte ya programada (y que no dirigirá Branagh, sino Alan Taylor, responsable de varios capítulos de series como Rubicón, Juego de Tronos Mad Men). Por un lado, los impactantes decorados de Asgard, todo un mundo por explorar y explotar. Por otro, sus personajes secundarios, muchos de ellos misteriosos e interesantes que solicitan casi a gritos algo más de protagonismo. Pero sobre todo, el villano de la función, Loki, hermanastro de Thor interpretado por Hiddleston y que, en la mitología, era el dios del engaño.

No en vano, la fuerza del personaje y la fantástica labor de su intérprete han permitido que sea igualmente el villano de Los Vengadores, al frente de un ejército que, a pesar de los numerosos intentos de fans y profesionales del sector, todavía no se ha podido revelar con claridad. El papel de Loki en la trama de Thor es más que fundamental, llegando a resultar odioso a la par que admirado, y generando toda una cadena de acontecimientos que, como cualquier película, termina en una espectacular lucha.

Junto con la primera entrega de Hulk, tal vez sea esta la cinta más irregular de todas las realizadas hasta la fecha, pero eso no significa que no esté a la altura. Si por algo se caracterizan todas las películas de estos superhéroes es por una línea narrativa y de calidad más o menos similar, con unos enfoques dirigidos, en primer lugar, a dar a conocer al personaje y, en segundo lugar, a mostrar la espectacularidad de sus hazañas. Thor cumple con esa premisa, aunque lo hace con algo menos de encanto que otros de sus compañeros.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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