La imparable destrucción de ‘Hulk’ bajo tres rostros distintos


Comenzamos el análisis a las películas realizadas de los personajes que protagonizan Los Vengadores, y lo hacemos con las dos partes de Hulk, el alter ego de Bruce Banner que nace de la ira del doctor tras sufrir un accidente con rayos gamma. Dos películas, en efecto, pero de muy distinta repercusión, aceptación e incluso intención. El caso de Hulk, de hecho, por aquello de ser un personaje creado enteramente por ordenador, es significativo: tres actores son los que han puesto el rostro humano a la verde criatura. Primero fue Eric Bana en 2003; cinco años más tarde, Edward Norton trataba de controlar su ira; y en su próxima aparición, será Mark Ruffalo el encargado de hacerlo creíble cuando no se dedique a destruir una ciudad. Y en cada una de ellas Hulk mantenía los rasgos físicos (e incluso cicatrices) de los actores, algo que sin lugar a dudas es de alabar.

El primero en transformarse, como decimos, fue el actor de Troya bajo las órdenes de Ang Lee (Tigre y Dragón) en Hulk. La cinta, como es habitual en este tipo de historias, narra los orígenes del personaje, su exposición a los rayos y su lucha por comprender la criatura en la que se convierte, algo en lo que estará ayudado por Betty Ross, el elemento romántico interpretado por Jennifer Connelly (Una mente maravillosa) e hija del General Ross (Sam Elliot), una suerte de Capitán Ahab que persigue, en este caso, a su ballena verde.

Más allá de los cambios con respecto al cómic necesarios en toda adaptación al cine, lo que realmente llamó la atención, y también fue uno de los elementos más criticados, fue un montaje que se dejaba influir, precisamente, por la estructura en viñetas de las páginas dibujadas de Marvel. Un montaje que, aun siendo original, generaba serias dudas en la viabilidad de las secuencias, que se convertían en un mosaico algo caótico de movimiento y diálogos en el que era difícil centrar la atención. A esto se unía una estructura narrativa basada, quizá demasiado, en los recuerdos reprimidos de un personaje marcado por la tragedia y por un sentimiento de odio y temor hacia su padre, magníficamente interpretado por Nick Nolte.

La fortuna tampoco acompañó al actor principal, no tanto por la interpretación de Bana (más que correcta en su desesperación), sino por un físico poco apropiado para un científico que debe contrastar lo máximo posible con su alter ego musculoso. Eso sí, el film de Lee implantó algo que se ha mantenido en todas las apariciones recientes del personaje, y es el diseño de la estructura física, de los músculos y de la animación, que en esta primera entrega la llevó a cabo el propio director, entre otros.

Edward Norton y su tranquilidad

El resultado de Hulk no fue el que se esperaba, por lo que los responsables de la compañía propietaria del personaje se pensaron muy mucho una nueva película. Finalmente, se dio luz verde a un nuevo proyecto que estuviera a medio camino entre la secuela y un relanzamiento de la historia, con nuevas caras delante y detrás de las cámaras. Al contrario de la saga Spiderman, los X-MenLos 4 fantásticos, Hulk cambió de rostro. Ni siquiera se utilizó el número 2 en su título. El increíble Hulk llegaba a las pantallas en 2008 de la mano de Louis Leterrier (Transporter), y lo hacía con Edward Norton en la piel de Banner, Liv Tyler (Armageddon) como Betty Ross y William Hurt (Una historia de violencia) como el Coronel Ross.

Como es conocido, Norton impuso sus propias reglas en el guión y en su personaje, y lo cierto es que no fue algo negativo en el resultado final, más bien al contrario. Esta nueva película perdía el carácter luminoso de la primera para convertirse en una historia traumática, oscura y con cierto aire trágico, en la que el personaje de Norton es un fugitivo por voluntad propia, aislado del mundo y obligado a mantener su cuerpo por debajo de un número determinado de pulsaciones para no perder el control y transformarse.

Puede que el director no se caracterice por unas historias complejas, pero está especializado en cintas de acción, y ese carácter se evidencia en la fuerza de los planos y, sobre todo, en la destrucción final producida por la pelea entre Hulk y el villano, interpretado por un impecable Tim Roth (Reservoir Dogs) antes de su transformación. Unas secuencias acordes a la imponente presencia de la masa verde que, a diferencia de la película de Lee, no evitan los golpes ni las heridas producidas. Incluso Edward Norton, quien compone un Bruce Banner mucho más solitario, temeroso e inteligente, ofrece físicamente un aspecto mucho más creíble en una historia, por lo demás, más clara, directa y sencilla que la primera entrega.

Y como no podía ser de otro modo, el final de El increíble Hulk, tanto el momento en el que se ve a Norton meditando en una cabaña, como esa escena adicional al final de los créditos con Tony Stark (Robert Downey Jr.) hablando con el Coronel, enfocan directamente a Los Vengadores y la participación de un nuevo doctor Banner en la batalla para salvar el mundo. Tres intervenciones en la pantalla grande y tres actores diferentes que, además de modificar los rasgos de la criatura, inciden en las diferentes caras de un personaje poliédrico, complejo y asustado de sí mismo.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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