El egocentrismo y la fama de un superhéroe atípico, ‘Iron Man’


De todos los personajes que aparecerán en Los Vengadores, posiblemente el más atractivo para los lectores de cómic sea Tony Stark, el multimillonario playboy que se esconde o, mejor dicho, presume de estar bajo el metal de Iron Man. Un hombre canalla, marcado por la genialidad de su padre y destinado igualmente a convertirse en un genio armamentístico a pesar de su tendencia a abusar del alcohol y del mundo nocturno de cualquier gran ciudad, con todo lo que eso conlleva. Y lo cierto es que, una vez pasadas dos entregas del personaje y con una tercera en proyecto, nadie puede imaginarse a otro actor que no sea Robert Downey Jr. (Memorias de Queens) como Stark/Iron-Man. De hecho, él es el alma mater de ambas películas.

Tal vez sea por sus conocidos problemas con el alcohol y las drogas (por fortuna, ya superados), por su aspecto de granuja irremediable, o por su parecido con los diseños de los dibujantes que han pasado por las numerosas series del hombre metálico, lo cierto es que Downey Jr. se fusiona de tal modo con su personaje que cuesta saber cuándo actúa y cuando, simplemente, toma prestados algunos de los recuerdos de sus juergas pasadas. Algo que queda patente desde la primera escena de la primera entrega, allá por 2008, en la que se ve a un Tony Stark disfrutando de la vida, la tecnología y la fama en pleno desierto de Afganistán, donde será atacado el convoy en el que viaja y sufrirá una herida que le obligará a crear una fuente de energía capaz de mantenerlo con vida. Al igual que ocurre con otros personajes de cómic, es este acontecimiento tan traumático lo que lleva al personaje a cambiar y a crear una armadura que se alimenta de la propia fuente de energía en el pecho de Stark.

La primera entrega fue todo un acontecimiento cinematográfico. Con una factura técnica impecable y un sentido de la espectacularidad que ya quisieran otras cintas de acción más recientes, Iron Man ofrecía todo lo que el personaje podía tener, y mucho más. Al tener que explicar los orígenes del superhéroe, el director Jon Favreau (responsable de, entre otras, Cowboys & Aliens) y los numerosos guionistas acreditados optan por explotar al máximo el carácter cómico y algo gamberro del protagonista, expandiéndolo a las diferentes tramas de la cinta, incluyendo esa relación de amor-odio con su secretaria, interpretada con solvencia por Gwyneth Paltrow (Seven).

Mayor presencia de Los Vengadores

A diferencia de las dos películas de Hulk, Iron Man sí contó con un desarrollo de la historia en su segunda entrega, estrenada en 2010. Si el final de la primera parte, con un Tony Stark exultante y abandonado a la fama de ser un superhéroe (su adicción al reconocimiento es lo que le lleva a anunciar su identidad secreta), mostraba el inicio de una conversación con Nick Furia (Samuel L. Jackson), Iron Man 2 desarrollaba esa idea con una mayor presencia del personaje de Jackson y el co-protagonismo de Scarlett Johansson, que da vida a otro de los protagonistas de Los Vengadores.

Si bien la segunda parte apuntaba más alto que su predecesora en todos los ámbitos (más acción, más humor y más villanos), la cinta carecía de la originalidad y la frescura que se pudo ver en el film de 2008. Ni la presencia de nuevas caras, ni las espectaculares escenas de acción con Iron Man y su compañero de fatigas, Máquina de Guerra (interpretado por Don Cheadle) superaron la sencillez y aplomo de la otra. Posiblemente sea porque, en un alarde de sinceridad, se muestra la caída del personaje de Downey Jr., que se abandona al alcohol y se pone en ridículo ante la más que probable posibilidad de una muerte por envenenamiento.

En efecto, este es uno de los puntos más atractivos de la cinta, aunque su desarrollo puede resultar algo extraño. Lo que Tony Stark lleva en el pecho está empezando a hacer mella en su organismo, por lo que se ve obligado a buscar una alternativa contrarreloj. Es este arco argumental, muy bien integrado con el de la colaboración con Furia y el enfrentamiento con los villanos de turno (excelentes Mickey Rourke y Sam Rockwell), el que termina por hacer cojear al conjunto final. Lo que no quiere decir que la cinta no se deje ver, más bien al contrario.

Al comienzo afirmábamos que Robert Downey Jr. era el verdadero soporte de ambas entregas. Su interpretación, dejando a un lado los efectos digitales, supone uno de los mejores trabajos dentro este género, muy similar a lo ocurrido con Hugh Jackman (Acero puro) y su Lobezno de los X-Men. El actor de Jóvenes prodigiosos muestra a un personaje solitario, autosuficiente y egocéntrico que, en muchas ocasiones, parece luchar sólo por él mismo y no por defender a aquellos que le aprecian o respetan. Un playboy, en definitiva, que no por ponerse una armadura casi indestructible deja de ser quien es. Y esto, en un equipo como Los Vengadores donde los egos están a la orden del día, es un conflicto más que interesante.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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