‘Grupo 7’: en busca del equilibrio entre veracidad y verosimilitud


Suele decirse que muchas veces la realidad supera a la ficción. El cine siempre juega con esa idea, recreando una historia verosímil para hacerla pasar por veraz. El conflicto suele llegar cuando dicha historia se basa en algo real. Grupo 7, quinta película del director sevillano Alberto Rodríguez (El factor Pilgrim) se debate entre los dos conceptos en una historia donde corrupción, violencia y métodos sospechosamente ilegales se dan cita para acabar con el tráfico de drogas unos años antes de que la Expo ’92 se inaugure.

Notable thriller en el que destaca un cuidado y soberbio diseño de producción, y en el que los actores, sobre todo los secundarios (atención a Joaquín Núñez, el personaje más cómico del equipo), ofrecen una panorámica de los variopintos personajes que se hallan alrededor del mundo de las drogas, tanto a un lado como a otro de la ley. Con unas secuencias de acción que buscan, ante todo, la crudeza del realismo, la película cojea sin embargo en uno de sus pilares fundamentales: la narrativa. No tanto la visual, pues el trabajo de Rodríguez en ese ámbito queda fuera de toda duda. Más bien, el guión adolece de una irregularidad definida sobre todo por la necesidad de resumir unos cinco años en poco más de hora y media, y por no terminar de decidirse por uno de los personajes.

Es cierto que Mario Casas emerge del conjunto como absoluto protagonista, pero la evolución de su personaje queda poco definida tanto por los saltos temporales que impiden comprender algunas de sus actitudes, como por algunas secuencias que no terminan de encajar en un personaje que se sumerge en una vorágine de violencia. Por contra, el personaje de Antonio de la Torre se vuelve más interesante según pasan los minutos, pero su historia queda en un segundo plano. La sensación que queda una vez terminada la película es la de un producto que oscila entre la intriga, el drama personal de los personajes y la acción pura y dura de las redadas realizada por estos cuatro vaqueros.

Siguiendo la línea de la magnífica No habrá paz para los malvados, la cinta del director de 7 vírgenes, si bien trata de convertirse en una historia sobre la corrupción y el mundo de las drogas, termina por ser casi más un relato de venganza en el que los personajes son presa de su violencia innata y de la violencia que genera su propio entorno. La corrupción, de hecho, simplemente se intuye a tenor de algunos diálogos y de un par de secuencias, dejando el resto a la imaginación del espectador. Tal vez sea esta su debilidad, que presupone demasiadas cosas. Existe la sensación de que, en busca de un realismo dramático, la cinta ha terminado por perder el atractivo de la ficción.

Nota: 6,5/10

Anuncios

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

2 Responses to ‘Grupo 7’: en busca del equilibrio entre veracidad y verosimilitud

  1. canislupus says:

    Felicito a Miguel Ángel Hernáez (autor del artículo). Una gran descripción de la película, la mejor de las que he leído/escuchado, que acerca los aspectos técnicos del cine a lectores poco duchos, como yo, haciendo comprender los fallos y aciertos del director con gran brillantez.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Diccineario

Cine y palabras

A %d blogueros les gusta esto: