‘Los infieles’: manual del desamor buscado


Si algo se puede sacar en claro de Los infieles, producción compuesta por varias historias cortas (algunas más que otras) donde las infidelidades de hombres (principalmente) y mujeres se abordan sin tapujos, es que el engaño no es rentable para nadie. Da igual que sea por una necesidad supuestamente biológica, por una atracción hacia miembros de diferentes edades o por una sexualidad reprimida. Lo cierto es que, al final, engañar a la pareja termina por resultar perjudicial para uno mismo y para los demás.

Protagonizados en su mayoría por Jean Dujardin (The artist) y Gilles Lellouche (Pequeñas mentiras sin importancia), y dirigidos por un puñado de directores y actores, entre los que destacan el propio Dujardin y Michel Hazanavicious (también director de The artist), los cortometrajes suponen toda una reflexión sobre el mundo de las relaciones sentimentales, y si bien algunas historias sobresalen por encima de otras, todas ellas ofrecen de forma conjunta una visión de lo más reveladora sobre el engaño.

Más allá del evidente mensaje que ya hemos mencionado (y que queda patente con la historia sobre la terapia de infieles, la más divertida de todas), la película afronta sin pudor alguno las diferentes variantes de infidelidad que suelen darse entre los hombres, normalmente entrados en la cuarentena y con una familia ya consolidada. En este sentido, los relatos más interesantes son aquellos que tratan el tema de una forma más dramática, mostrando a unos hombres incapaces de comprender un proceso de maduración del que no pueden escapar y del que buscan distanciarse en los cuerpos de otras mujeres. Una imagen que termina por resultar patética y, por desgracia, demasiado fiel a la realidad de numerosas parejas.

Claro que, si el hombre es expuesto como un ser incapaz de controlar su necesidad de mantener relaciones sexuales, la mujer no se protege bajo una figura casi celestial. Más bien, su presencia se reparte entre dos visiones algo diferentes: por un lado, la fiel mujer, madre de los hijos, que es incapaz de aguantar la infidelidad; por otro, un ser similar al hombre que busca en otras personas lo que no encuentra en casa, en una suerte de hipocresía y cinismo que se oculta bajo un silencio tácito y una máscara de liberalidad que termina rompiéndose al querer basar la relación en algo que no existe en la pareja: la sinceridad.

En cualquier caso, la cinta se convierte en un viaje por los conflictos, internos y de pareja, que surgen a raíz de las infidelidades. Gracias principalmente a la labor de sus dos actores principales (y de los magníficos secundarios), y de algunos de los cortos que son realmente divertidos, el conjunto logra imponer la reflexión sin llegar a aburrir, dejando en la retina algunos momentos realmente divertidos como la ya citada historia de la terapia de infieles, el corto protagonizado por Guillaume Canet (El caso Farewell) o el último fragmento en Las Vegas, continuación del inicio de la película. Divertida, sí, pero en la línea de muchas otras comedias francesas.

Nota: 6/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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