Conflictos sociales, miedos comunistas y zombis en ‘La noche de los muertos vivientes’


La década de los años 60 del siglo pasado alumbró el nacimiento de una nueva criatura cinematográfica. Si los vampiros eran definidos como los no-muertos, en 1968 los muertos vivientes hicieron acto de presencia gracias a un joven director de 28 años llamado George A. Romero. La noche de los muertos vivientes fue el pistoletazo de salida para un género que ha sabido evolucionar con los años y que, en 2012, nos deja la tercera entrega de la magnífica saga española [REC].

Es justo aclarar que la temática zombi ya existía unos años antes de la llegada de Romero, si bien no tenía el carácter sangriento y visceral que adquirió con el paso del tiempo. En 1943 se estrenaba Yo anduve con un zombie, que abordaba este personaje desde el mundo del vudú. Asimismo, en las mismas fechas en que se estrenaba la película del director de Atracción diabólica llegaba a las carteleras La legión de los hombres sin alma, que incluía mad doctors, amores prohibidos y experimentos antinatura, pero pocas entrañas.

Pero si han existido tantas formas de afrontar el mundo de los muertos vivientes, ¿por qué la película de Romero se ha convertido en un referente cultural capaz de poner la primera piedra a todo un universo? La respuesta tiene muchas caras, pero la más importante tal vez sea el mensaje social que escondía la película. La noche de los muertos vivientes narra las peripecias de un grupo de personas que deben encerrarse en una casa ante el despertar de los cadáveres y su hambre de carne humana. Uno de los aciertos del film es, precisamente, el protagonismo de los personajes y los conflictos que viven entre ellos. Siendo uno de los protagonistas de raza negra, la confrontación está servida, sobre todo teniendo en cuenta las fechas en las que se realizó. Una confrontación, por cierto, que se agrava con la aparición de otro personaje racista y muy conservador, y que adquiere tintes dramáticos con el descorazonador final.

El contexto social no sólo deja entreverse en los problemas raciales de Estados Unidos durante esa década. El hecho de que los zombis se muevan como autómatas, con el único objetivo de comerse a los vivos, era un reflejo del miedo y la lucha contra el comunismo que obsesionaba a los norteamericanos. Si bien en años posteriores la amenaza se reflejó como una infiltración en el sistema, en estos años una masa que parece movida por un solo pensamiento superior trata de “devorar” al librepensamiento, que a su vez debe lidiar con sus propias miserias.

Esto, empero, son solo algunos de los elementos. Lo revolucionario de la película, a nivel artístico y visual, llegó con las impactantes, aunque escasas, escenas sangrientas. Si bien el relato apuesta más por la tensión (que la tiene, y mucha) y por la angustia ante la amenaza de la intrusión en la casa, cuenta con numerosas perlas sanguinolentas que han influido en el diseño de posteriores criaturas. Una mujer comiendo un brazo, un muerto viviente con media cara descompuesta, … En este sentido, tal vez lo más impactante sea el personaje de una niña que, infectada por el virus, muere poco a poco hasta que se transforma. El hecho de introducir un cambio tan radical de la inocencia infantil a la monstruosidad de los zombis fue todo un hallazgo que, de un modo u otro, se ha repetido en numerosas ocasiones.

Cabe añadir otro elemento que ha definido este subgénero que se mueve entre el terror y el slasher, y que antes hemos mencionado. El virus que provoca la pesadilla en la que se ven envueltos los protagonistas simplemente se menciona, es decir, es una mera excusa argumental. Así como en incursiones anteriores los zombis tenían un origen mágico, en La noche de los muertos vivientes “se cree” que el causante es un virus; el resto se deja a la imaginación del espectador. Un elemento que, por desconocido, resulta enormemente atractivo, y que ha permitido crear todo un universo de estas criaturas cuyos orígenes son de lo más diverso.

El padre de los zombis

George A. Romero ha pasado a la historia como el padre del género, y no será por falta de películas que lo demuestren. El éxito tan abrumador que tuvo esta primera película le llevó a continuar con esta historia, evolucionando no tanto en la complejidad de las historias (todas tenían componentes similares) sino en el mundo creado y cada vez más infestado de muertos vivientes. Entre proyecto y proyecto, en 1976 rueda Zombi, en la que un grupo de personas se ve acorralada en un centro comercial por estas criaturas. Cabe decir que Zack Snyder (300) realizó un remake en 2004 que en España se tituló Amanecer de los muertos.

Cada vez más interesado en el tema, Romero ha rodado un total de seis títulos de esta particular saga, descendiendo en calidad y aumentando en violencia. A los dos ya mencionados se suman El día de los muertos (1985), donde se llega a presentar a un zombi inteligente capaz de hablar, pensar y leer; La tierra de los muertos vivientes (2005), cuya principal novedad, además de la adecuación a los nuevos tiempos y la tecnología, es que los zombis caminan por debajo del agua; El diario de los muertos (2007), que se enmarca dentro del estilo de cámara casera de los últimos años; y La resistencia de los muertos (2009), último título de la serie y, por ahora, de su filmografía.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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