‘El exótico Hotel Marigold’: la tercera edad no es el final


Muchos films, sin llegar a ser obras maestras o referentes del cine, se convierten con los años en títulos recordados con cariño. Esto, más o menos, es lo que podría ocurrirle a El exótico Hotel Marigold, producción dirigida por John Madden (La deuda) en la que destaca, por encima de todo, la magnífica labor de un reparto que, por otro lado, desprende la felicidad y buenas sensaciones con las que debieron de afrontar este proyecto sobre un grupo de jubilados que acuden a un hotel en la India para encontrar un nuevo camino en sus vidas.

Por supuesto, el trabajo de los actores no sería nada sin el dibujo que hace el guión (basado en la novela These Foolish Things de Deborah Moggach), por lo demás previsible, de los mismos. Destaca por encima de todos el de Maggie Smith (Gosford Park), antigua ama de casa retrógrada, algo xenófoba y muy conservadora que redescubre en su viaje para someterse a una operación de cadera que hasta en los lugares más pobres existen clases. Sus frases, ingeniosas y divertidas que en otro contexto resultarían insultantes, componen un mosaico evolutivo realmente encantador. Pero ella no es la única. Judi Dench (Shakespeare in Love), Tom Wilkinson (La conspiración), Bill Nighy (Radio encubierta) e incluso el joven Dev Patel (Slumdog Millionaire) aportan a sus personajes un grado de ingenuidad, positivismo y alegría tal que componen todo un mundo en sí mismo con una lección tan importante como previsible.

Mención especial merecería también el personaje de Penélope Wilton (Match Point), que contrasta con su actitud no sólo con el resto de los personajes, sino con el propio escenario, cargado de color, sonido y belleza paisajística (la fotografía en este sentido es preciosa) como suele ser habitual en las historias ambientadas en la India. El continuo rechazo a las costumbres, a la comida y a la situación que viven millones de personas termina por generar rechazo, lo cual no deja de ser un acierto por parte del guión y de la intérprete.

Lo cierto es que, más allá de la composición de los personajes y de algunos momentos que logran arrancar una leve carcajada (o sonrisa, depende de la predisposición), la película camina por derroteros previsibles, puede que en exceso para muchos. Apenas existe sorpresa alguna en las decisiones o los acontecimientos que deben afrontar los personajes, salvo tal vez por la revelación de Tom Wilkinson. No existe nada malo en ello. Muchas producciones llegan a las carteleras de todo el mundo con este problema y tienen éxito.

Lo que sí afecta de forma más negativa a la historia es la ralentización en su tramo final, alargando en exceso una resolución de los conflictos que, por otro lado, todo el mundo sabe cómo van a terminar. Con todo, el carisma de los actores es tan arrollador que termina por superar estos defectos de guión, haciendo entretenido un conjunto que, en otro contexto, con otros protagonistas y en las manos de un director menos experimentado, no habría hecho honor a la frase que define al film: “Al final, todo acaba bien. Y, si no acaba bien, es que aún no es el final”.

Nota: 6/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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