‘Al borde del abismo’: saltar o no saltar, esa no es la cuestión


¿Qué lleva a una persona a entrar en una habitación de hotel, pedir una comida, escribir una nota y asomarse a una cornisa para saltar? Existen múltiples respuestas, pero la que maneja Al borde del abismo es, cuanto menos, original en su planteamiento y en su tratamiento, pues la decisión de Nick Cassidy (Sam Worthington), un ex policía acusado de un robo y que se ha fugado de la cárcel, obedece a un elaborado plan para atraer la atención sobre él mientras en un edificio cercano se comete un robo que probará su inocencia.

Como suele ocurrir en este tipo de tramas, el engaño a personajes y espectadores es casi continuo, por lo que eso no es necesariamente lo que le aporta a este film su atractivo. Más bien, es el guión escrito por Pablo F. Fenjves, especializado en tv movies, y sobre todo la labor de Asger Leth tras las cámaras en su primera película de ficción, lo que aporta solvencia y solidez a un relato por lo demás muy entretenido. Gracias a una trama que se desvela gota a gota como si de un grifo se tratara, el espectador se zambulle de lleno no sólo en la situación que vive el personaje de Worthington, sino en el robo perpetrado por el hermano (con un siempre excelente Jamie Bell) y la novia de éste (Genesis Rodríguez, especializada en telenovelas), quienes, además de no estar muy duchos en esas lides, superan una pequeña crisis de pareja, lo que aporta el toque cómico.

Sin duda, es este uno de los aciertos de una película que en todo momento conoce su lugar, no intenta demostrar nada y, lo más importante, trata al espectador con respeto. Su combinación de tensión y comedia, unido a unas secuencias de acción que quitan el aliento por un instante (sobre todo una inicial y otra al final), son las armas de un relato que, aunque en muchos momentos puede revelarse previsible, no deja de entretener en ningún momento, utilizando una serie de giros argumentales que aportan una nueva dimensión al conjunto (sobre todo el último que tiene lugar en un bar).

En medio de todo esto se halla un reparto de actores más que correctos en sus respectivos papeles. Sam Worthington (Avatar) se confirma como uno de los pesos pesados del nuevo cine de acción, alejándose de iconos extramusculados para acercarse más a la figura de, por ejemplo, Harrison Ford. Por su parte, Elizabeth Banks (Definitivamente, quizás) y Edward Burns (15 minutos) conforman un panorama de secundarios realmente atractivo, que en varios momentos llegan a generar una línea narrativa propia en su lucha por mantener la situación controlada en contra de las decisiones de los mandamases. Y, por supuesto, un Ed Harris (Enemigo a las puertas) realmente delgado y más que convincente en su rol de villano.

La película, en fin, se convierte en la lucha de un hombre por demostrar su inocencia. Pero mientras otros viajan por todo el mundo (o todo Estados Unidos, como prefieran) liándose a mamporros con todo el que se cruza con ellos, Al borde del abismo apuesta por una venganza más elegante. Y, de paso, deja una crítica mordaz y poco velada de la actual sociedad en la que vivimos, con una población animando a un hombre a saltar desde una cornisa. Aunque secundaria, no deja de ser interesante la reflexión que plantea. Al final, saltar o no saltar no resulta importante.

Nota: 7/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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