‘Contraband’: la familia es lo primero


Una de las prácticas habituales de Hollywood es realizar una versión de una película europea con el mismo director o productor de la original. Éste es el caso de Contraband, cinta de acción que dirige Baltasar Kormákur, a su vez protagonista y productor de Reykjavik-Rotterdam, historia que la primera toma como punto de partida. En pantalla, una serie de actores solventes en sus roles de héroes, damiselas en apuros, traidores y villanos que conforman un paisaje interesante aunque previsible, y que se aleja en cierto modo de los estándares norteamericanos, lo que siempre es de agradecer.

La película, protagonizada por Mark Wahlberg (cómodo en este tipo de personajes), comienza cuando un contrabando se tuerce y, para salvar la vida de su cuñado, nuestro héroe, antiguo contrabandista (el John Lennon del negocio, como le llaman en un momento de la historia), debe realizar un encargo en Panamá para evitar que su familia sufra daño alguno. Sin embargo, no todo es lo que parece, y las traiciones y malas decisiones complicarán un a priori sencillo plan. Como hemos mencionado, la historia no deja nada a la imaginación, aunque no por ello convierte a esta película coprotagonizada por Kate Beckinsale (Underworld), Ben Foster (X-Men: la decisión final) y Giovanni Ribisi (Avatar) en aburrida o con poco interés.

Más bien al contrario, aunque parezca sorprendente. Gracias a un guión hilado milimétricamente y a unas situaciones algo rocambolescas pero finalmente verosímiles el metraje logra mantener el interés hasta el final, llegando incluso a olvidar que, en una historia de Hollywood de este tipo, el bueno siempre se queda con la chica. En este sentido, la película de Kormákur se aleja de los estándares que antes mencionábamos para acercarse más al concepto europeo donde la tragedia puede invadir la trama en cualquier momento, y donde los personajes se muestran más humanos que en una típica producción norteamericana.

Entretenida y sólida, Contraband conoce perfectamente sus limitaciones, evitando ser algo que no es y ofreciendo un producto que deja una sensación agradable gracias a una resolución que deja todos los cabos atados a favor del protagonista apenas unos minutos después de haber puesto su mundo contra las cuerdas. No será uno de los pilares del thriller, pero tampoco lo busca. Simplemente, un nuevo vistazo al sórdido mundo del crimen, con una fotografía dura y fría, unos personajes secundarios que tienen más caras ocultas que visibles, y una serie de secuencias de acción bien resueltas. No hay nada de malo en ello.

Nota: 5,5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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