‘Mi semana con Marilyn’: la actriz tras el mito


El biopic es uno de los géneros que más gusta al cine norteamericano. Poder ver en pantalla la transformación física y mental de un actor en un personaje archiconocido es algo que suele reportar infinidad de nominaciones y premios. Mi semana con Marilyn aborda, precisamente, el rodaje de la película El príncipe y la corista (1957), dirigida y protagonizada por Sir Lawrence Olivier junto a Marilyn Monroe. Y como no podía ser de otro modo, sus dos actores principales, Kenneth Branagh y Michelle Williams, han sido aclamados por sus interpretaciones en una película que, por otro lado, poco más puede ofrecer.

Eso sí, lo que muestra es mucho más que correcto. Williams no sólo logra parecerse a la protagonista de Con faldas y a lo loco en los rasgos físicos, sino en la forma de moverse, de hablar e, incluso, de seducir. A través de los ojos de Colin Clark (Eddie Redmayne), autor del libro autobiográfico en el que se basa la película, la malograda estrella se muestra en todo su esplendor, pero también deja al descubierto las miserias más profundas de una personalidad atormentada, insegura e inestable que utiliza a los hombres en su provecho a sabiendas del poder que ejerce sobre ellos.

La labor de la protagonista de Shutter Island sólo puede describirse como brillante. Posiblemente éste sea el papel de su vida y, aunque pueda ser premiada por otras muchas interpretaciones, su metamorfosis en la que puede que sea la actriz más famosa de todos los tiempos quedará para el recuerdo. Por mucho menos otros actores en roles similares se alzaron con la ansiada estatuilla dorada. Lástima que el domingo tenga enfrente a una sencillamente perfecta Meryl Streep en La dama de hierro.

Pero la interpretación de Williams quedaría en nada sin la magnífica réplica de un completísimo reparto en lo que a caras y trabajo se refiere. Desde el protagonista hasta los secundarios como Judi Dench (M en las últimas entregas de la saga Bond), Emma Watson (Hermione en Harry Potter), Toby Jones (El topo), Dominic Cooper (An education) o Julia Ormond (Leyendas de pasión) como Vivien Leigh, todos ofrecen lo mejor de sí mismos para dotar de vida a la historia de un rodaje que resultó complicado y estresante.

Con todo, el verdadero corazón cabe hallarlo en el conflicto continuo entre Monroe y Olivier. Y es aquí donde se encuentra el otro gran acierto de la película. Branagh ofrece una interpretación como hacía tiempo que no se le recordaba, dando vida a un personaje complejo en su vida privada y arisco en la profesional. La labor del protagonista de Hamlet como uno de los mejores actores de la historia, si no el mejor, es impecable, casi tanto como la de Williams. El duelo interpretativo entre ambos, que se traslada a la pantalla como choque de dos personalidades y métodos de actuación opuestos, resulta fascinante en todas y cada una de las secuencias que comparten. No en vano, Branagh está nominado como Mejor Actor Secundario, con más posibilidades de hacerse con la estatuilla que su compañera de reparto.

Fuera de este microcosmos que es el rodaje de una película, poco más queda por revelar. Decir que la historia no tiene interés sería faltar a la verdad, pero queda en un segundo plano ante las fuertes y destacadas actitudes de todos sus personajes. Al final, sólo queda recordar a esa gran estrella que fue Marilyn Monroe, aunque se dude de si se admira más el mito o a la actriz que lo interpreta.

Nota: 6,5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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