‘Hijos de la Anarquía’, la combinación perfecta entre Shakespeare y ‘Los Soprano’


El pasado 20 de febrero el canal español Energy comenzó a emitir una de las mejores series que se han producido en los últimos años. Creada por Kurt Sutter, guionista y productor de The Shield, lleva por título Hijos de la Anarquía, y centra su trama en los conflictos internos y externos de un grupo de moteros norteamericano. Desde su estreno en 2008 se ha repetido una y otra vez que es la heredera natural de Los Soprano, pero hay algo más, un componente que recuerda más a Shakespeare que a Tony Soprano.

Protagonizada por caras conocidas del cine y la televisión como Charlie Hunnam (Queer as Folk), Katey Sagal (Matrimonio con hijos), Ron Perlman (Hellboy) o Kim Coates (Prison Break), la cinta combina con excelente precisión el violento mundo en el que se mueve la banda y los intentos de la misma por evitar los daños que la misma llega a producir. Todo con la sombra de un pasado que el joven heredero del clan desconoce y que los espectadores descubren capítulo a capítulo.

Es precisamente en este elemento donde se encuentra el aspecto más shakesperiano. El padre del joven destinado a convertirse en líder de la banda murió en circunstancias que no parecen muy claras, mientras que el hombre que ahora ejerce de padre era su mejor amigo. Además, la madre es ahora esposa de éste. Cambiando algún que otro parentesco, el triángulo familiar es una clara referencia a Hamlet. Incluso el fantasma paterno está presente en forma de diario que Jax Teller, el joven interpretado por Hunnam, lee de forma asidua.

La serie atrae desde el primer momento gracias a una combinación explosiva del mundo del motor y la violencia de esta especie de grupo mafioso con el drama familiar que viven los personajes, a cada cual más rocambolesco o violento. Todo ello en un pueblo que controlan con mano firme a pesar de los continuos ataques desde fuera y desde dentro.

Pero no todo es tan sencillo. La mayor fascinación posiblemente la genere la intrusión del drama en el sólido bloque que constituye el grupo de moteros (por cierto, las secuencias por carretera son espectaculares). Y es que, a medida que la trama avanza por sus, hasta ahora, cuatro temporadas, las sospechas sobre la muerte del padre de Jax, las decisiones del líder y las dudas del joven sobre el sentido de la banda hacen mella poco a poco en un grupo que tiende a dividirse en dos bandos, provocando disputas y posiciones encontradas.

La muerte tenía un precio

Si hay algo que se puede sacar en claro de Hijos de la Anarquía es que la violencia y la muerte acarrean una reacción en contra de igual o superior magnitud. Ésa es una de las cosas que se viven casi desde el primer capítulo, y que el protagonista vive en sus carnes y en las de sus amigos más cercanos.

Una mundo que, como decimos, acecha a los protagonistas en todo momento. En otro tipo de circunstancias, este final sería lógico, pero los problemas de cada miembro llegan a ser tan cotidianos que la identificación con estos fuera de la ley es inevitable. Si a esto se suman unos agentes de la ley y federales con más caras ocultas que los propios “hijos”, lo que se obtiene es una esperanza de que los problemas terminen por solucionarse haciendo pagar a los verdaderos culpables (es decir, los agentes).

Personajes muy humanos

Uno de los elementos más atractivos de la serie de Sutter es, sin lugar a dudas, sus personajes. No sólo los miembros del club, sino todo el mundo que rodea a su taller. Así, mientras la mayoría de los “hijos” se vuelven más y más humanos, mostrando una bondad y una moral fácilmente comprensible (a su estilo, claro), los demás realizan el camino contrario. Así le ocurre, por ejemplo, a Tara Knowles, interpretada por Maggie Stiff (Mad Men). Su magnífica interpretación queda patente observando el arco dramático de su personaje a lo largo de las temporadas, pasando de una doctora enamorada del protagonista que evita involucrarse en los turbios asuntos de la banda, a una mujer que acepta su destino como pareja y futura heredera del puesto de la madre, utilizando la violencia siempre que es necesario.

La serie puede que no sea uno de esos productos multipremiados y multinominados año tras año a todos los premios habidos y por haber, y si hay que ser sinceros es una auténtica injusticia. Cierto es que no aborda el mundo de la medicina, ni el de la abogacía, ni siquiera es de época. Pero Hijos de la Anarquía posee los elementos básicos de una gran serie: una trama perfectamente estructurada y unos personajes poliédricos hasta límites insospechados. Si a eso se añade un mundo tan poco conocido como el de los clubs de motos, el componente mafioso y el drama familiar, sólo queda rendirse ante una producción que obliga, noche tras noche, a seguir las aventuras y desventuras del club de la calavera y el fusil.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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