‘El monje’: irresistible tentación


Satán sólo tiene el poder que nosotros le otorgamos. La frase, pronunciada al comienzo y al final de El monje, la nueva película de Dominik Moll (Henry, un amigo que os quiere), resume y a la vez esconde el verdadero significado de la historia, tanto en su versión escrita por Matthew G. Lewis como la adaptación en imágenes. Una adaptación que acaba por revelarse sobria y tenebrosa por momentos.

A pesar de poseer un tono pausado, ideal por otro lado para mostrar la vida monacal de los capuchinos del Madrid del siglo XIX, Moll logra imprimir interés a cada imagen, a cada personaje principal. Gracias a una espléndida fotografía que juega mucho con las marcadas sombras de una vida enclaustrada, el director logra impregnar de tensa emoción las conversaciones y algunas situaciones que juegan al engaño entre lo mundano y lo sobrenatural.

Pero sin duda, lo mejor del relato es Vincent Cassel, espléndido en su viaje a los infiernos morales de un monje que se considera por encima de las tentaciones y que, como he dicho al principio, no le otorga al mal ningún poder. O eso cree él, porque el demonio juega a voluntad con su férrea moral hasta corromperla de la forma más despiadada, haciendo caer al personaje, en una sola noche, en la mayoría de los pecados, incluyendo el asesinato. Junto a él, caras conocidas como la Geraldine Chaplin o Sergi López, éste en un papel realmente corto aunque imprescindible para comprender la historia.

La novela de 1795 sentó las bases de lo que hoy se conoce como novela gótica. Desconozco si Umberto Eco se inspiró en la vida de Ambrosio al escribir El nombre de la rosa, pero desde luego Dominik Moll si parece tomar como referencia la película de Jean-Jacques Annaud, sobre todo en las escenas nocturnas. El film evita, por contra, entrar a desarrollar algunas líneas temáticas que sólo quedan esbozadas, como las sospechas de que el diablo se instala en el convento o alguna muerte poco explicada, lo que deja muchos hilos argumentales, tal vez demasiados, a la imaginación y la suposición del espectador.

La crítica a este estamento social no se limita, sin embargo, a su postura hacia el pecado. En la película se dejan ver la hipocresía de una vida que predica el perdón y la misericordia a pesar de ser incapaz de aplicar esas mismas leyes a sus miembros. Al final, y como si de un juicio divino se tratara, el personaje de Cassel termina por vivir en su carne las consecuencias de su rectitud.

Nota: 7/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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