‘Albert Nobbs’: las apariencias engañan


La fascinación del cine por los personajes travestidos es casi tan larga como su propia historia. Normalmente, los motivos que llevan a esta situación tienen que ver con la situación financiera o personal de los mismos. Y casi todos los relatos suelen transcurrir por los mismos derroteros: el equilibrio entre una identidad y otra para evitar que el resto de los personajes lo descubran. Albert Nobbs resulta atractivo precisamente por evitar dichos clichés, aunque la historia termina cayendo en otros que juegan en su contra.

Y es que el personaje interpretado por Glenn Close, segura ganadora del Oscar este año si no fuera por Meryl Streep, se viste de hombre para poder trabajar en el Dublín del siglo XIX. El matiz que da color a la historia es que dicha situación se produce en su paso de la niñez a la adolescencia tras una situación traumática, lo que termina por convertirla en un hombre a todos los efectos menos físicamente. Una trágica transformación de la que no puede escapar y que queda patente cuando, junto a otra mujer también vestida de hombre durante años, trata de volver por un momento a su verdadera naturaleza, sintiéndose no sólo incómoda en cuerpo de mujer, sino extraña, violenta y hasta ridícula. Una situación que parece sacada de algún personaje de Gabriel García Márquez.

La referencia al escritor no es casual, pues el director de la película es su hijo, Rodrígo García, algo que queda patente en muchos de los personajes y en algunas situaciones. Sin embargo, la película no termina de funcionar más allá de su personaje principal. Aunque es cierto que todos los actores resultan más que convincentes (con especial mención a un violento Aaron Johnson), las extravagancias de todos ellos, mayores que la del propio Nobbs, terminan por generar situaciones cómicas que restan dramatismo a la historia, algo que es de agradecer en algunos sentidos, pero que evita sumergirse en el conjunto de la trama.

Posiblemente el principal problema radique en un guión previsible, donde una joven pareja trata de aprovecharse de un hombre mayor que corteja a la joven. Salvo por el hecho de que ese hombre mayor es una mujer disfrazada, el resto de la historia se puede prever con cierta precisión hasta su final lógico aunque no por ello deseado.

Qué duda cabe de que la película es recomendable, pero como ocurre en muchas ocasiones, el principal atractivo es comprobar si la actriz principal es capaz de transformarse en un hombre. Close no sólo lo consigue, sino que logra hacer olvidar sus rasgos femeninos (con un maquillaje sutil y eficaz) y la pose de una mujer. El problema es que el resto de la historia no acompaña, y eso termina por agriar un plato de gusto.

Nota: 6,5/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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