‘J. Edgar’: decisiones acomplejadas


Tal vez en España no sea un personaje muy conocido, pero en Estados Unidos John Edgar Hoover, el hombre que definió y, por así decirlo, creó el actual FBI, es una figura con muchos, para algunos demasiados, claroscuros. Y nadie mejor para tratar su figura que Clint Eastwood, que a sus 81 años no sólo sigue en la brecha, sino que realiza el mejor cine de su carrera como director.

La película, que abarca la totalidad de la carrera de Hoover, desde unos años antes de ser nombrado director en funciones hasta su muerte con la llegada de Nixon al poder, encuentra su mayor atractivo en su protagonista, Leonardo DiCaprio. El protagonista de Titanic demuestra una vez más el buen ojo a la hora de escoger personajes y, por encima de todo, su calidad como intérprete, alejándose cada vez más de esa imagen de ídolo de masas para descubrir a un actor capaz de meterse en la piel de un esquizofrénico (Shutter Island), un ladrón de ideas (Origen) o un policía infiltrado (Infiltrados).

Pero DiCaprio no podría hacer una buena labor si no tuviera sobre el papel un personaje bien definido. El guionista Dustin Lance Black, autor de Mi nombre es Harvey Milk, presenta a un hombre acomplejado, dominado por una madre (espléndida Judi Dench) que determina su futuro, por una sociedad a la que quiere defender de amenazas externas e internas y, ante todo, por unos sentimientos que le llevan a la soledad más absoluta. Un personaje al que parece irle grande el cargo de director del FBI pero que, por otro lado, pretende engrandecer y otorgar de un poder casi ilimitado a la oficina de investigación.

A esta doble moral, estos claroscuros que mencionaba al principio, se suma su necesidad de mantenerse en el cargo a toda costa, a pesar de los intentos que los ocho presidentes norteamericanos llevaron a cabo para sustituirle. La información es poder, y en ese sentido Hoover no tenía rival posible. Por supuesto, todo gracias a dos ayudantes que, por mucho que les increpara falta de lealtad, al final se mantuvieron firmes a su lado: Clyde Tolson, su mano derecha e íntimo amigo, y Helen Gandy, su secretaria personal. El primero interpretado muy convincentemente por Armie Hammer (La red social) y la segunda por Naomi Watts (Mullholland Drive).

El conjunto se revela como un relato sobrio y, por momentos, tenso. Eastwood demuestra una vez más su maestría tras las cámaras, no sólo con el montaje, sino con el trabajo de los actores, la caracterización y la fotografía, más apagada y fría a medida que se retrocede en el tiempo, pero siempre remarcando los contrastes de la historia con una luz dura.

La única pega que podría tener el film es una mayor y mejor explicación a algunas de las decisiones de espionaje a los personajes más importantes de la historia norteamericana, aunque conociendo el carácter de J. Edgar, quedan claras al encenderse las luces de la sala. Lo que no es de recibo en cualquier caso es la falta de reconocimiento en forma de nominaciones a los premios más importantes de la industria hollywoodiense.

Nota: 8/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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