La crítica política centra el asesinato de ‘Forbrydelsen II (The Killing II)’


Puede que no haya un ejemplo mejor hoy en día que la serie Forbrydelsen para comprender las diferencias narrativas y de formato que existen entre Estados Unidos y el norte de Europa. La original danesa se estructura en entregas, en la que cada temporada es, en realidad, una serie diferente (por tanto, cada una cuenta solo con una temporada); su versión norteamericana va a comenzar su segunda temporada, que aborda a su vez la segunda parte de la primera parte europea. Sé que esto parece un diálogo de los hermanos Marx, pero es relevante a la hora de analizar Forbrydelsen II, pues aunque retoma a los personajes de la primera parte, no tiene nada que ver con aquella.

En efecto, algunas de las caras que resolvieron el caso de The Killing: crónica de un asesinato vuelven a escena para resolver un nuevo crimen, esta vez con referencias más que evidentes a la guerra contra el terror en Oriente Medio que están llevando a cabo los países occidentales. A Sofie Gråbøl, que vuelve a ofrecer una magistral interpretación de la detective Sarah Lund, se unen Morten Suurballe como Lennart Brix, su jefe, y Mikael Birkkjær como su nuevo compañero. La política vuelve a estar en el centro de la investigación, sumando ahora el ejército, las fuerzas especiales y los servicios de inteligencia.

Como puede verse, esta segunda parte se plantea a priori mucho más ambiciosa que la primera. Y si bien es cierto que vuelve a utilizar tres pilares para asentar una historia compleja (puede que más que la anterior), su desarrollo en cuestión de capítulos es mucho menor, lo que permite seguir la narración mucho mejor y condensar la información en menos minutos, lo que se traduce en un mayor ritmo. Al final, la sensación que deja en el espectador es la de haber contemplado todo un mundo en cuestión de horas; de haber visto cómo la corrupción de las élites, la huida de un inocente y el asesinato de soldados daneses son desenmascaradas en un proceso tan corto como intenso.

Más elementos, menos final feliz

Si de algo puede presumir esta segunda entrega es de contar con muchos más elementos en su trama, lo que lejos de enmarañar su resolución condensan los datos y las relaciones personales hasta un punto que parece imposible, pero que engancha al espectador de una forma diferente a como lo hacía la primera parte. Se producen más asesinatos, la política ahora es nacional, y no local, y el ejército está metido de por medio. A todo esto se suma una protagonista que todavía se muestra afectada por lo ocurrido en Forbrydelsen y un entorno policial que le resulta hostil en líneas generales.

Como hemos mencionado antes, los pilares sobre los que pivote la serie, y que le otorgan ese aspecto único a esta saga, son muy parecidos. Por un lado, la protagonista sigue evidenciando una falta de empatía hacia sus compañeros, obsesionándose con las muertes y la resolución del caso, aunque en menor medida. Por otro, la propia investigación, que esta vez cuenta con un desarrollo mucho más complejo en lo que a líneas de trabajo se refiere, en las que se siguen ofreciendo resultados prematuros y apresurados para despistar al más atento de los espectadores (y crear, de paso, una mayor expectación). Por último, el devenir del prófugo en busca de su inocencia para poder estar con su mujer y su hijo.

Pero si la resolución de la muerte de una adolescente en el primer caso terminaba de forma satisfactoria (al menos en líneas generales), la crítica al estamento político y al ejército de este segundo crimen no deja espacio para la sonrisa. Aunque el clímax del último capítulo termina revelando quién es quién en la trama, las decisiones de muchos de los personajes, comenzando por el Ministro de Justicia (a cargo de Nicolas Bro), dejan un sabor agridulce en la boca, al evidenciar una falta de fuerza política de aquellos que quieren, simplemente, sacar la verdad a la luz.

En definitiva, Forbrydelsen II supone un reto a todos los niveles. Habrá quien prefiera la primera parte a la segunda, y viceversa, pero lo cierto es que ambas ofrecen una factura técnica y narrativa impecable, capaz de entablar un diálogo con el espectador de igual a igual y convirtiéndolas en dos joyas de la pequeña pantalla europea.

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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